Tyr

Dios Tyr


El origen de Tyr no es claro: según la Edda mayor es hijo del gigante Hymir de Frilla, una giganta de quien poco se sabe, salvo que era la personificación del mar furioso. En su Edda menor Snorri Sturluson lo describe como hijo de Odín y Frigg.

Tyr, conocido como “el dios manco”, es considerado el dios del valor, del honor marcial, protector de los pactos y señor de la justicia terrena, pues según la leyenda, en un acto de valor y en aras de la justicia, sacrificó una mano por el bien de los dioses.

Siendo uno de los dioses principales ocupaba uno de los doce tronos en el Gladsheim, salón del concejo de los dioses. Sin embargo, al contrario de otros como Odín o Thor, no tenía aposento fijo en Asgard pudiendo alojarse tanto en Vingolf, como en el Valhalla donde siempre era bien recibido.

Tyr, el más audaz e intrépido de la mitología nórdica, dio soberbias pruebas de valor en las batallas y en los retos a que fue sometido. Venerado por su valor como guerrero sabio, los combatientes, para asegurarse el triunfo en las batallas, grababan en sus espadas, cascos y otros objetos la runa atribuida a Tyr (denominada Teiwaz, Tyr o Tew). Tal fue la importancia de este dios, que le sería asignado un día de la semana para su tributo. De sus nombres en inglés arcaico, Tiw, Tiu o Tew, derivaría la palabra Twesday, pues el martes era su día. En la tradición latina, el martes fue el día consagrado a Marte, dios de la guerra, por lo cual es obvia la similitud entre ambos dioses.

La espada Tyrfing

La más valiosa posesión de Tyr era su espada, Tyrfing, forjada por los mismos enanos que habían creado la lanza de Odín. El atributo de esta singular espada era poder de cortar, como si fuese tela, el hierro y la roca; no se oxidaba ni se deterioraba jamás. Pero los enanos, enfurecidos con los dioses por ser obligados a forjar las armas sagradas, maldijeron esta espada otorgándole el siniestro don de acabar con una vida cada vez que era desenvainada y, por demás, acabar con la vida de su propietario si no la blandía en una lucha justa.

Por su relación con esta espada singular, Tyr era considerado el dios patrono de las espadas y era indispensable grabar la runa de Tyr (Teiwaz) en la hoja de las espadas para invocar al dios y obtener la victoria.
Tal como expresan las Eddas:

“Las runas debéis conocer,
si la victoria deseáis obtener,
y sobre el puño de vuestra espada los grabaréis;
algunos en el templo,
algunos en la guardia,
dos veces mencionad el nombre de Tyr.”

La leyenda de Fenrir

Otro hecho destacado con relación a Ty es la leyenda de Fenrir. Ella explica el motivo por el cual quedó manco, aunque no hay acuerdo respecto a cuál de sus manos perdió, ya que en las versiones nórdica y sajona Tyr es zurdo, mientras que en otras versiones es diestro y sujeta su escudo con cadenas sobre el muñón de su mano izquierda.

Según la leyenda, Loki y la giganta Angrboda engendraron a Fenrir, un lobo que nació como un cachorro normal pero que, al alimentarse, crecía de forma monstruosa hasta adquirir la proporción de gigante. En el Asgard, tierra de los dioses, este lobo endemoniado y gigante se convertía en una amenaza. Un oráculo señaló a Odín que Fenrir sería uno de sus más terribles enemigos y que debían cuidarse de él, sin matarlo, pues ello mancharía el honor de los dioses. En cambio, podían encadenarlo.

Los dioses temían no poder controlar al fiero y descomunal lobo e hicieron dos intentos fallidos para atarlo. Éste, con su inusitada fuerza, rompía cualquier soga o cadena. En vista de ello, los dioses acudieron a los enanos para que, con su magia e ingenio, fabricaran una atadura invencible. Así crearon Gleipnir, una soga de gran fortaleza. Era una cinta liviana, sedosa y fina, que sin embargo nada ni nadie podría romper, pues estaba fabricada con el sonido de la pisada del gato, la barba de la mujer, las raíces de la montaña, los nervios del oso, el soplo de los peces y la saliva del pájaro.

Provistos de tal atadura, los dioses desafiaron nuevamente a Fenrir en la isla Lyngvi. Éste, al ver que el nuevo cordel parecía muy débil, se dejó atar, pero la bestia, prevenida por los intentos anteriores, puso una condición: que uno de los dioses introdujera una mano
dentro de su boca mientras lo ataban. Tyr fue el único que estuvo dispuesto y avanzó hacia Fenrir extendiendo su mano. Los otros dioses ataron al lobo. La bestia forcejeó desesperadamente hasta ver que la atadura era irrompible. Entonces, con toda su fiereza, cerró sus fauces y, de una dentellada, cercenó la mano de Tyr desde la muñeca.

Así, el dios sacrificó su mano por la seguridad de los dioses. Su valor, su abnegación y carácter le hicieron brillar por sobre los méritos de los demás dioses y pasó a ser considerado el más valiente de ellos, el señor de los bravos guerreros. También a partir de entonces, y a pesar de la terrible experiencia, Tyr se dedicó a alimentar y cuidar al lobo encadenado, ya que era el único que se atrevía a acercarse.

Desde ese evento Fenrir quedó atado hasta el Ragnarok cuando se liberaría de sus ataduras para vengarse de los dioses.

Tyr era un dios de pocas palabras, pero nunca mentía. La pérdida de su mano como garantía al lobo Fenrir es un buen ejemplo de ello. Tal como se le concibe, Tyr no es un pacificador, sino un guerrero, pero hace lo que es justo y bueno, asumiendo las tremendas consecuencias de sus actos. La ley de Tyr mantiene lo que es correcto o más correcto en cada situación. Su enseñanza ejemplarizante es que los juramentos se respetan.