Balder

DIOS BALDER


Balder (o Baldr) es hijo de Odín y Frigga . Se lo describe como un hombre gallardo y esplandeciente. Es el más justo de los dioses, a tal punto que nadie puede contradecir su juicio. Es el y más agraciado, el más apuesto de los Aesir , razón por la cual fue considerado el dios de la belleza y la gentileza. Era valioso y querido de todos los dioses nórdicos por ser símbolo de la luz y la verdad. De su frente blanca y cabellos dorados parecían irradiar rayos de sol que alegraban los corazones de dioses y hombres.

Balder tenía un hermano gemelo, Hodur, que era ciego y por ello se le consideró el dios de la oscuridad. Los gemelos, por lo tanto, eran diametralmente diferentes en carácter y aspecto físico. Hodur era sombrío, solitario y taciturno; mientras que Balder, era bello, siempre bien recibido y venerado como el dios puro y radiante de la inocencia y la luz. Así, Balder es conocido como el sumun de las virtudes físicas y morales.

Este dios alcanzó su mayoría de edad con mucha rapidez y fue admitido muy pronto en la asamblea de los dioses. Fijó su residencia en un palacio llamado “Breidablik”, cuyo techo era de plata, sus columnas de oro macizo y a través de sus puertas no podía entrar la mentira ni la maldad. El palacio poseía tal pureza que nada que fuese vulgar o impuro podía penetrar el recinto. Allí vivía Balder en perfecta armonía junto a su joven esposa Nanna (flor), una bella y encantadora diosa que rige la vegetación.

El dios de la luz conocía la ciencia de las runas y las diversas virtudes de las flores y hierbas. La única cosa oscura que empañó la vida de Balder fue la percepción de su propia muerte y que ésta ocurriera de manos de su propio hermano Hodur, muerte que desoló a hombres y dioses, quienes sólo encontraron consuelo con la promesa de su resurrección, que ocurriría después del Raknarock, fin de los dioses, cuando resurgieran la luz y la vida.

Balder según la Edda Menor

En Gylfaginning, Edda Prosaica (o edda en prosa), Baldr es descrito de esta manera:

Annarr sonr Óðins er Baldr, ok er frá honum gott at segja. Hann er svá fagr álitum ok bjartr svá at lýsir af honum, ok eitt gras er svá hvítt at jafnat er til Baldrs brár. Þat er allra grasa hvítast, ok þar eptir máttu marka fegrð hans bæði á hár ok á líki. Hann er vitrastr ása ok fegrst talaðr ok líknsamastr. En sú náttúra fylgir honum at engi má haldask dómr hans. Hann býr þar sem heita Breiðablik, þat er á himni. Í þeim stað má ekki vera óhreint.El segundo hijo de Odín es Baldr, y hay cosas buenas que decir sobre él. Él es el mejor, y todos lo alaban; es tan hermoso en sus facciones, y tan brillante, que la luz se proyecta de él. Hay una hierba que es tan blanca que se compara a su ceja; de todos los pastos, es el más blanco, y de él podrás juzgar su belleza, tanto en cabello como en cuerpo. Es el más sabio de los Æsir, y el que mejor habla y con más gracia; y es tal la calidad que asiste, que nadie puede contradecir su juicio. Habita en un lugar llamado Breidablik, que es el cielo; en dicho lugar, nada sucio puede ser.

Aparte de esta descripción, Balder es principalmente conocido por el mito que rodea su muerte y tiene una gran connotación en la mitología escandinava, no sólo por ser una muerte que enlutó a dioses y humanos, sino por ser el primero en una serie de eventos pronosticados como antesala al Ragnarok, guerra final y a destrucción de los dioses.

Lo relativo a la muerte de Balder está contenido en el artículo sobre Ragnarok, sin embargo podemos acá agregar lo referente a sus funerales, que además de ahondar en como concluyó la vida de este dios tan especial, también nos proporciona referencias acerca de los actos funerarios acostumbrados para los héroes y grandes hombres vikingos.

Funerales de Balder

Al tratarse de un dios tan amado por todos y muy importante por ser hijo del propio Odín, dios supremo del panteón nórdico, sus actos funerarios fueron majestuosos. En los funerales vikingos, generalmente el cuerpo era colocado en un barco construido para ese fin y medían aproximadamente dos metros de largo. Sin embargo, por la dignidad del difunto, se utilizó su propio barco, su drakar, reconocido por sus glorias.

Ante todo, la muerte en combate o en un acto de valor era premiada con la estancia en Valhalla , destino de los héroes muertos en batalla. No obstante, quienes morían por enfermedad, vejez, accidente o de manera cobarde, tenían como destino, el reino de Helheim , dominado por la diosa Hel (o Hela), hija de Loki , mitad lozana, mitad cadáver en descomposición. Éste era una suerte de infierno de sufrimiento y degradación perenne. La muerte del amado Balder no fue honrosa, ni valiente, sino parte de un juego (o más exactamente de una jugarreta) en que Loki convenció al hermano ciego a lanzar una flecha mortal sobre el dios de la luz, persuadiéndolo de que ésta no le haría daño alguno.

Una vez en el inframundo, territorio de Hel, Balder no podría ser rescatado ni podría honrársele en Vanhalla, como correspondía a su noble condición. Nadie volvía de allí, de modo que la tribulación fue aún mayor para Frigg y Odin, sus padres, para su esposa Nanna y para todos los dioses del Asgard. Lo más dramático era que Balder estaba destinado a ocupar el trono cuando su padre no estuviera y su reinado prometía ser una nueva Edad de Oro para el mundo entero. Tal esperanza se perdía con esta muerte indigna.

El destino final de Balder, muerto por una traición y no en un acto heroico, era Helheim. Es el inferior de los nueve mundos, inundado de un denso aire nauseabundo y lleno de escenas repugnantes de muertos desgarrados, mutilados, abatidos, sin esperanza ni fuerza, abandonados en los rincones en espera del Ragnarok y con él una segunda muerte que les asegurara el descanso eterno. Ese era el destino para quienes habían desaprovechado sus vidas, no reconocieron ni remediaron sus errores y murieron sin pena ni gloria. Era intolerable que el amado Balder tuviera como destino tan horrendo lugar. Era un dios y no era justo que, por una traición urdida por Loki, su propio hermano lo hubiera asesinado y fuera éste el fin para quien había hecho tanto bien.

El corazón de Brigg, lleno de dolor no se resigna a este fin para su amado Balder y pide Helmod, su tercer hijo, que vaya ante la Diosa Hel a pedirle que les devuelva a Balder, a cambio de todas las riquezas que habría en su barco funerario.

Mientras Herlmod emprende el escabroso viaje, a lomos de Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, dioses, enanos, gigantes y elfos, preparan los funerales.


Todos los dioses acudieron desolados. Entre otros, Odín con Frig, las valkirias, las doncellas guerreras que conducen a los muertos en batalla. Freyr, señor de la vegetación, llegó en su carro, Heimdall llegó a lomos de su caballo y Freya , diosa del amor se presentó en su carruaje tirado por gatos. Desde el lejano y helado Jotunheim acudieron muchos gigantes de hielo, implacables enemigos de los ases, conscientes de la gran pérdida.

Nanna y Frigg lavan el cuerpo de Balder mientras algunas elfas lo visten con un traje hecho de pétalos de flores y rocío. En la noche, miles de seres nocturnos entonan un conmovedor canto fúnebre. Las gigantas cargan el barco de Balder, con sus pertenencias, incluyendo su caballo y toda clase de regalos que va recibiendo la comitiva. El cuerpo de Balder es subido a bordo y Nanna se acoge al derecho la esposa, de morir en la pira con su marido. El barco, bajo el peso de tantos y tan valiosos regalos, sólo puede ser devuelto al mar con la ayuda de todos los gigantes presentes. Una vez a una distancia adecuada, Odín, personalmente, se encarga de disparar una flecha incendiaria en esa dirección. Bajo un cielo rojo y fulgurante, el barco es consumido lentamente por las llamas.

Nueve días y nueve noches tardó Helmod hasta llegar a Helheim en busca a Balder. Una vez allí hubo de adentrarse horrorizado del tétrico espectáculo, hasta avanzar por oscuro un pasillo que lo conduce a la estancia donde encentraban Balder y Nanna, mansamente recostados en cojines y junto a los tesoros que los acompañaron en la pira funeraria. Pero a su lado apareció la tenebrosa Hel. Helmod trata de convencerla, como le había sido encomendado, que se quedara con todos los regalos y devolviera a Balder a los dioses. Argumentó que el dios había sido un hombre justo y había sembrado armonía donde quiera que estuvo y que, por demás, su muerte había sido una trampa de Loki, padre de la diosa, de modo que sólo ella podría cambiar las cosas. La reina del inframundo se mostró inflexible y se atuvo a la ley de la vida y la muerte, de acuerdo a la cual éste era el lugar para quien murió sin honor. Pero, digna hija de su padre, con malicia le propone un reto: si los dioses lograban que todos los seres vivos, en los nueve mundos, derraman una lágrima por Balder, ella le abriría las puertas y lo dejaría volver con los suyos.

A su regreso, Hermod informó a los dioses. Todos ellos y sus mensajeros, entusiasmados ante esta oportunidad, emprendieron viaje en todas las direcciones y fueron consiguiendo que cada ser vivo, en los nueve mundos, derramara una lágrima por la muerte del bienamado Balder. Pero una vez más Loki, el embaucador, que no se había dejado ver desde el funesto día del deceso, tomando la apariencia de una giganta hallada por Thor en su empresa, se niega rotundamente a llorar por Balder argumentando que Thor mismo la había dejado viuda varias veces y no tenía moral para pedirle llorar a un Aesir.

Por esta única lágrima que no se derramó Balder permanecería en el inframundo hasta después del Ragnarok, cuando la vida resurgiría y él resucitaría para el ocupar el trono de su padre, tal como se había profetizado.