Ragnarok

La batalla de Ragnarok

La batalla de Ragnarok, llamada a veces “El Ocaso de los Dioses”, es el cataclismo final que ha de destruir al mundo y a los dioses.

Después de terribles inviernos, se desatará una guerra universal y el dios Loki y su hijo Ferir el lobo, soltarán sus ataduras.

Loki navegará con el ejército de los muertos hasta la batalla final, en la que Fenrir se tragará al sol y matará a Odín; Thor matará a la Serpiente del Mundo, pero morirá con su veneno; todos los dioses perecerán.

Finalmente, Surt, guardián de los fuegos de Muspell desde el inicio del tiempo, los liberará y destruirán el mundo con sus llamas. Tras la destrucción de este mundo, surgirá uno nuevo. Sólo sobrevivirán los hijs de Odín, Vidar y Vali, los hijos de Thor, Modi y Magni y los dioses Balder y Hod volverán a la vida. Ellos se sentarán en la nueva tierra y hablarán del mundo pasado; en la hierba encontrarán las iezas del ajedrez de oro de los dioses. Dos humanos, Lif y Liftharsir, lograrán salvarse de las ramas del Arbol del Mundo y repoblarán la tierra.

Ragnarok, el ocaso de los dioses

Uno de los rasgos distintivos de la mitología nórdica es que la gente siempre creyó que sus dioses pertenecían a una raza finita. Los Ases habían tenido un comienzo y, por tanto, se razonaba, debían tener un final y si habían nacido de una mezcla de elementos divino y mortales (los gigantes), su naturaleza era imperfecta. Llevaban dentro el germen de la muerte y estaban, al igual que los hombres, destinados a sufrir la muerte física para obtener de este modo, la inmortalidad espiritual.

Todo el esquema de la mitología nórdica era consiguientemente un drama, conduciendo cada paso de su historia, gradualmente, hacia el clímax o final trágico, cuando, con verdadera justicia poética, el castigo y la recompensa serían imparcialmente impuestos sobre todos sus protagonistas.

Los Ases toleraron la presencia del mal entre ellos, personificado por Loki. Débilmente se dejaron llevar por sus consejos, permitieron que les involucrara en toda clase de dificultades de las cuales lograban salir sólo al precio de separarse de su virtud o la paz, y poco a poco le fueron permitiendo tener tal dominio a Loki sobre ellos, que no vacilaba en robarles sus más preciadas posesiones, la pureza, o la inocencia, personificada por Balder el Bondadoso.

Demasiado tarde se dieron cuenta de lo maligno que era este espíritu, hasta que hubo encontrado un hogar entre ellos y, demasiado tarde, desterraron a Loki a la Tierra, donde los hombres, siguiendo el ejemplo de los dioses, fueron corrompidos por su siniestra influencia. Según los versos de Snorri, sacados e interpretados libremente del Völuspá:

Una era de hachas,
una era de espadas,
de escudos destruidos,
una era de tempestades,
una era de lobos,
antes de que la era de los hombres
se derrumbe.

El Invierno Fimbul

Viendo que el crimen predominaba y que todo el bien había sido desterrado de la Tierra, los dioses se percataron de que las antiguas profecías estaban a punto de verse cumplidas y que la sombra de Ragnarok, el ocaso de los dioses, ya se cernía sobre ellos. Sol y Mani palidecieron de miedo y condujeron sus carros temblorosos a través de sus caminos señalados, mirando hacia atrás, temerosos de los lobos que les perseguían y que pronto los alcanzarían y los devorarían. Conocían sus destinos, pero aún así continuaron su recorrido y se enfrentaron a su final. Y al desaparecer sus sonrisas, la Tierra se volvió triste y fría y el terrible invierno Fimbul comenzó. Los penetrantes vientos soplaron desde el Norte y toda la tierra fue cubierta con una gruesa capa de hielo.

Este severo invierno duró durante tres estaciones completas sin descanso y fue seguido por otros tres, igual de duros, durante los cuales toda la alegría abandonó la Tierra y los crímenes de los hombres aumentaron con pavorosa velocidad, mientras, en la lucha general por la vida, los últimos sentimientos de humanidad y compasión desaparecieron.

En los oscuros nichos del Ironwood, la giganta Iarsaxa o Angurboda, alimentaba diligentemente a los lobos Hati, Sköll y Managarm, la progenie de Fenris, con las médulas de los huesos de los asesinos y los adúlteros y tal era el predominio de estos crímenes que nunca se le restringía la comida a los casi insaciables monstruos. Diariamente ganaron fuerzas para perseguir a Sol y a Mani y finalmente, los alcanzaron y los devoraron, inundando la tierra con sangre de sus fauces goteantes. Cuenta el Völuspá:

Un lobo engullirá al sol,
y los hombres lo verán como una gran catástrofe.
El otro lobo capturará a Mani (la luna)
y tampoco eso será mejor.
Las estrellas caerán del cielo.
También esto sucederá:
Toda la tierra y las montañas temblarán
y todas las cadenas y lazos se quebrarán y romperán.
Y entonces el lobo Fenrir quedará libre.

Así, pues, ante esta terrible calamidad, toda la tierra tembló y se agitó. Las estrellas, asustadas, cayeron desde sus posiciones y Loki, Fenrir y Garm, renovando sus esfuerzos, hicieron pedazos sus cadenas y se dirigieron a tomar venganza. Al mismo tiempo, el dragón Nidhug logró roer la raíz del fresno Yggdrasil, que se estremeció hasta su rama más alta. El gallo rojo Fialar, posado en lo alto del Valhalla, cacareó en alto la alarma, que fue inmediatamente repetida por Gullinkambi, el gallo en Midgard, y por la rojiza ave de Hel en Niflheim.

Heimdall da la Alarma

Heimdall, dándose cuenta de estos ominosos augurios y oyendo el estridente chillido del gallo, puso inmediatamente el cuerno Giallar en sus labios y sopló el toque esperado durante tanto tiempo, que se oyó en todo el mundo. Al primer sonido de esta manifestación, los Ases y los Einheriar se levantaron de sus divanes dorados y salieron valientemente del gran palacio, armados para la contienda venidera y, montando sus corceles impacientes, galoparon sobre el palpitante puente arco iris hasta el extenso campo de Vigrid, donde, como Vafthrundnir había presagiado mucho tiempo atrás, tendría lugar la última batalla.

La temible serpiente de Midgar, Iörmungandr, había sido despertada por el alboroto general y con inmensos retorcimientos y conmoción, por lo que los mares fueron azotados con enormes olas como nunca antes habían alterado las profundidades del mar, se arrastró hasta la tierra y se apresuró a unirse a la terrible refriega, en la que iba a jugar un papel importante.

Una de las grandes olas, agitadas por los esfuerzos de Iörmungandr, puso a flote a Nagilfar, el funesto barco, que estaba completamente construido con las uñas de aquellos muertos cuyos familiares habían fracasado, a través de los años, en su deber, habiendo olvidado cortar las uñas de los fallecidos antes de que pudieran descansar. Tan pronto como esta embarcación salió a flote, Loki embarcó en ella con el feroz ejército de Muspellheim y lo guió audazmente a través de las agitadas aguas hasta el lugar del conflicto.

Éste no era el único barco que se dirigía a Vigrid, pues de un espeso banco de niebla, hacia el Norte, salió otra embarcación, pilotada por Hrym, en la que todos eran gigantes de hielo, armados por completo e impacientes por entrar en batalla contra los Ases, a quienes siempre habían odiado con todas sus fuerzas.

Al mismo tiempo, Hel, la diosa de la muerte, salió por una grieta en la tierra desde su hogar en el inframundo, seguida de cerca por el sabueso de ésta, Garm. Los malhechores de su lúgubre reino y el dragón Nidhug, que sobrevoló el campo de batalla, transportando cadáveres sobre sus alas.

Tan pronto como aterrizó, Loki dio la bienvenida a estos refuerzos con alegría y, colocándose en cabeza, marchó con ellos hacia la lucha.

Los cielos se partieron súbitamente en dos, y a través de la enorme brecha, cabalgó Surtr con su espada flameante, seguido por sus hijos y, mientras atravesaban el puente Bifröst, con la intención de arrasar Asgard, el glorioso arco se hundió con un estruendo bajo las pisadas de sus caballos.

Los dioses sabían muy bien que su fin se encontraba ahora cerca y que su debilidad y falta de previsión les había situado en gran desventaja, pues Odín sólo tenía un ojo, Tyr una mano y Frey nada, excepto un cuerno de venado con el que defenderse, en vez de su invencible espada. Sin embargo, los Ases no mostraron señales de desesperación, sino que, como auténticos dioses de guerra del Norte, se pusieron sus más ricas vestimentas y cabalgaron alegremente hacia el campo de batalla, decididos a poner un alto precio a sus vidas.

Mientras reunían sus fuerzas, Odín descendió una vez más hasta el manantial Urdar, donde bajo Yggdrasil derribado, se sentaban aún las Nornas con los rostros cubiertos y guardando un silencio obstinado, con su tela que yacía rasgada a sus pies. El padre de los dioses susurró de nuevo un comunicado misterioso a Mimir, tras lo cual volvió a montar sobre su caballo Sleipnir y se reunió con el ejército que esperaba.

La Gran Batalla

Los combatientes se encontraban ahora congregados en las vastas extensiones de Vigrid. A un lado, se alineaban los severos, tranquilos rostros de los Ases, los Vanes y los Einheriar, mientras que en el otro se reunían el abigarrado ejército de Surtr, los sombríos gigantes de hielo, el pálido ejército de Hel y Loki y sus horribles seguidores, Garm, Fenrir e Iörmungandr, estos dos últimos, arrojando fuego y humo, y exhalando nubes de vapores tóxicos y mortales, que llenaban todo el cielo y la tierra con su venenoso aliento.

Todo el antagonismo reprimido durante eras fue liberado entonces, en un torrente de odio, cada miembro de las huestes enfrentadas luchando con inflexible determinación, como hicieron nuestros antiguos antepasados, mano con mano, cara a cara. Con un poderoso choque, que se oyó sobre el fragor de la batalla que llenaba el universo, Odín y el lobo Fenrir entraron en impetuoso contacto, mientras Thor atacaba a la serpiente Iörmungandr y Tyr medía sus fuerzas contra el perro Garm. Frey terminó con Surtr, Heimdall con Loki, a quien ya había derrotado en una ocasión anterior y el resto de los dioses y todos los Einheriar se enfrentaron a enemigos dignos de su coraje. Pero, a pesar de su preparación diaria en al ciudad celestial (Asgard), el anfitrión del Valhalla estaba destinado a sucumbir y Odín estuvo entre los primeros de los seres brillantes que fueron abatidos. Ni siquiera el elevado coraje y los poderosos atributos de Allfather pudieron resistir la oleada de mal que personificaba Fenrir. A cada momento triunfante de la lucha, su tamaño colosal asumía proporciones aún mayores, hasta que finalmente, sus fauces abiertas de par en par abarcaron todo el epacio entre el cielo y la tierra, y el repugnante monstruo se abalanzó furiosamente sobre el padre de los dioses y engulló su cuerpo entero dentro de su horrible estómago.

Ninguno de los dioses pudo ayudar a Allfather en el momento crítico, ya que era tiempo de dolorosa adversidad para todos. Frey desplegó esfuerzos heroicos, pero la reluciente espada de Surtr le asestó entonces un golpe mortal. En su lucha contra el archienemigo Loki, Heimdall se desenvolvió mejor, pero su conquista final tuvo un alto precio, ya que también cayó muerto. La contienda entre Tyr y Garm tuvo el mismo final trágico y Thor, tras un terrible encuentro con la serpiente de Midgard y después de matarla con un golpe de Mjölnir, se tambaleó hacia atrás nueve pasos y se ahogó en la corriente de veneno que se derramó de las fauces del monstruo muerto.

Vidar llegó entonces rápidamente desde una parte distante de la llanura para vengar la muerte de su padre Odín, y el destino presagiado cayó sobre Fenrir, cuya mandíbula inferior sintió entonces la huella del zapato que había sido reservado para ese día. En el mismo momento, Vidar asió la mandíbula superior del monstruo con sus manos y con un terrible tirón, lo partió en dos, según el relato de Snorri, y según el Völuspá, Vidar mató a Fenrir clavándole un puñal hasta el corazón.

El Fuego Devorador

Habiendo perecido los demás dioses que habían tomado parte en la contienda y todos los Einheriar, Surtr arrojó súbitamente sus ardientes tizones sobre el cielo, la tierra y los nueve reinos de Hel. Las furiosas llamas cubrieron el tronco masivo del fresno del mundo, Yggdrasil y alcanzaron los palacios dorados de los dioses, que fueron consumidos por completo. La vegetación sobre la tierra fue destruida de forma similar y el terrible calor hizo que todas las aguas hirvieran.

El gran incendio ardió violentamente hasta que todo fue consumido, cuando la tierra, ennegrecida y llena de cicatrices, se hundió lentamente bajo las olas hirvientes del mar. Efectivamente, Ragnarok había llegado. La tragedia mundial había concluido, los protagonistas divinos estaban muertos y el caos parecía haber reanudado su antiguo dominio. Pero los nórdicos creían que, tras haber perecido todo el mal en las llamas de Surtr y haberse hecho justicia, el bien se alzaría de las ruinas para recuperar su dominio sobre la Tierra y que algunos de los dioses regresarían para vivir en los cielos para siempre.

Nuestros antepasados creían totalmente en la regeneración y sostenían que, tras cierto espacio de tiempo, la tierra, depurada por el fuego y purificada por su inmersión en el mar, emergió de nuevo en toda su prístina belleza y fue iluminada por el Sol, cuyo carro era conducido por un hijo de éste, nacido antes de que el lobo hubiera devorado a su madre. La nueva orbe del día no tenía imperfecciones como el primer Sol y sus rayos ya no eran tan ardientes como para tener que situar un escudo entre él y la tierra. Estos rayos más beneficiosos, pronto causaron que la tierra renovara su manto verde y crecieran flores y frutas en abundancia. Dos seres humanos, una mujer, Lif, y un hombre, Lifthrasir, emergieron entonces de las profundidades del bosque de Hodmimir (“de Mimir”), donde habían huido para refugiarse cuando Surtr había puesto el mundo en llamas. Habían caído en un tranquilo sueño, inconscientes de la destrucción a su alrededor y habían permanecido allí, alimentados por el rocío de la mañana, hasta que era seguro para ellos el volver a salir, cuando tomaron posesión de la tierra regenerada, que sus descendientes poblarían y sobre la cual tendrían un dominio completo.

Un Nuevo Cielo

Todos los dioses que representaban las fuerzas en desarrollo de la Naturaleza fueron asesinados en las fatales llanuras de Vigrid, pero Vali y Vidar, los tipos de fuerzas imperecederas de la Naturaleza, regresaron a las tierras de Ida, donde se les unieron Modi y Magni, los hijos de Thor, las personificaciones de la fuerza y la energía, que rescataron el martillo sagrado de su padre de la destrucción general y lo llevaron hasta allí con ellos.

Allí se reunió con ellos Hoenir, que ya no era un exiliado entre los vanes, quienes, como las fuerzas en desarrollo, habían desaparecido para siempre y desde el oscuro inframundo donde había languidecido durante tanto tiempo se alzó el radiante Balder, junto a su hermano Hodur, con quien estaba reconciliado y con el que viviría en perfecta amistad y paz.

El pasado se había ido para siempre y las deidades supervivientes podían recordarlo sin amargura. El recuerdo de sus antiguos compañeros era, sin embargo, querido para ellos, y muy a menudo regresaron a sus sitios favoritos para permanecer junto a los recuerdos felices. Fue así como, caminando un día sobre el largo césped de Idavold, encontraron de nuevo los discos de oro con los que los Ases habían acostumbrado a jugar.

Cuando el pequeño grupo de dioses se volvió tristemente hacia el lugar donde se habían alzado una vez sus moradas señoriales, se dieron cuenta, para su grata sorpresa, que Gimli, la morada celestial más elevada, no había sido consumida, pues se erigía resplandeciente ante ellos, con su techo dorado brillando más que Sol. Corriendo hasta allí descubrieron, para su regocijo, que se había convertido en el lugar de refugio de todos los virtuosos.

El Demasiado Poderoso para ser Nombrado

Ya que los nórdicos que se asentaron en Islandia, a través de quienes ha llegado hasta nosotros la más completa exposición de fe odínica, en los Eddas y las Sagas, no fueron convertidos definitivamente hasta el siglo XI, aunque habían tenido contacto con los cristianos durante sus incursiones vikingas casi seis siglos antes, es muy probable que los escaldos nórdicos recogieran alguna idea de las doctrinas cristianas y que este conocimiento les influyera en cierta medida y diera color a sus descripciones del fin del mundo y la regeneración de la tierra. Quizá fue este vago conocimiento, el que les indujo también a añadir al Edda un verso, que se ha supuesto generalmente que era una interpolación, proclamando que otro dios, demasiado poderoso para ser nombrado, se alzaría para gobernar sobre Gimli. Desde su asiento celestial juzgaría a la humanidad y separaría el mal del bien. El primero sería desterrado a los horrores de Nastrond, mientras que el bien sería transportado hasta las bienaventuradas salas de Gimli el bello.

Existían otras dos mansiones, una reservada para los enanos y la otra para los gigantes, pero ya que estas criaturas no tenían libertad de voluntad y ejecutaban ciegamente los decretos del destino, no fueron consideradas responsables de ningún daño que hubieran causado, y por tanto no eran consideradas merecedoras de ser castigadas.

Se decía que los enanos gobernados por Sindri, ocupaban un palacio en las montañas Nida, donde bebían resplandeciente aguamiel, mientras que los gigantes establecieron su residencia en el palacio Brimer, situado en la región Okolnur (no fría), pues el poder del frío había sido completamente aniquilado y ya no existía más hielo.

Ragnarok, El Destino de los Dioses

Ragnarok, “El destino de los dioses”, La batalla final entre las fuerzas de la oscuridad y las fuerzas de la luz en la mitología Nórdica. En la imagen, Odín en batalla contra el Lobo Fenris, Thor luchando contra la serpiente Jormungand y Heimdal en lucha encarnizada contra Loki.

El nacimiento del mal

Loki, un día se unirá con la giganta Angerbode, y ella dará a luz a las tres potencias más terribles de las fuerzas de la oscuridad: Fenrir o Fenris, un lobo enorme y feroz, el más terrible de todos; Jormungand, la terrible serpiente del caos, que habita en Midgard (la tierra de los hombres), la cual será enemiga a muerte de Thor, el dios de la trueno, quien posee el maravilloso martillo Mjolnir con el cual lucha incansablemente contra los gigantes de escarcha; y finalmente Hel, quien es la reina de las tierras de la muerte (infierno), que es a donde van los que no mueren en batalla.

Jormungand, la serpiente del caos que será liberada en el Ragnarok, donde se enfrentará a Thor, el dueño del martillo mágico Mjolnir

La muerte del dios Balder

Puesto este escenario, donde Loki, la potencia de naturaleza malvada que tantas penas causa a los Ases, tiene un papel sumamente importante pues es la causa del conflicto.

Cierto día Balder, el dios de la luz y la verdad, comenzó a tener terribles pesadillas en las cuáles su vida era amenazada. Muy asustado contó a los Ases lo que le sucedía y su madre Frigg o Frigga, decidió aliviar el temor de su hijo tomándole juramento a todas los seres y cosas del mundo de que no dañarían a Balder nunca. Así fue, y los dioses se divertían arrojándole todo tipo de objetos a Balder, para comprobar que nada lo lastimaba, ni las espadas, ni las flechas, era aparentemente invencible.

Loki, ser lleno de astucia y malicia, decidió encontrar la manera de matar a Balder en venganza por el hecho de que sus hijos, Jurmungand, Fenris, y Hel, habían sido encerrados para que no lastimaran ni gigantes ni a humanos. De esta manera, ya que Loki podía cambiar de forma a su antojo, decidió transformarse en una mujer e irle a preguntar a Frigg si en verdad no había nada que pudiera hacerle daño a Balder, a lo que Frigga le respondió que al oeste del Valhalla había una rama mágica que tenía el nombre de muérdago y que le había parecido demasiado joven para pedirle juramento. Loki, entusiasmado por las buenas noticias, fue a donde la planta y la arrancó del suelo. Cierto día que los dioses Ases se divertían probando la invulnerabilidad de Balder, Loki, le apartó hacia Hodur o Hödr, el dios ciego hermano de Balder, a quien lo incitó a que también participara de aquella diversión y le arrojara el muérdago. Balder, ingenuo de la situación, le hizo caso a Loki, quien le dio el muérdago para que lo arrojara a Balder, quien cayó muerto al instante.

Los dioses lloraron a Balder y se entristecieron por su muerte. Tiempo después Loki fue castigado al ser encadenado a una piedra en una caverna, en la cuál pusieron arriba de su cabeza a una serpiente de cuyos colmillos brotaba un potente veneno que al caer en la cabeza de Loki le causaba un dolor tan tremendo que le hacía producir una serie de espasmos tan fuertes que el mundo entero temblaba. Sygin, la fiel esposa de Loki, lo acompañaba en su castigo atrapando al veneno en una copa, pero cada vez que se llenaba, al tirarlo, el veneno caía nuevamente en la cabeza de Loki, no dejándolo descansar.

Otra versión de la batalla final entre los Ases y las fuerzas de la oscuridad lidereadas por Loki, el dios del fuego

La decadencia del mundo

Después, el tiempo pasará, y el mundo comenzará a sumirse poco a poco en oscuridad y desdicha. Llegará Fimbulvetr, el terrible invierno que asolará la tierra con inmensas nevadas, hielo y vientos gélidos en todas direcciones. El sol no calentará más, y la tierra se sumirá en un frío y violento caos. Tres inviernos seguirán sin sus veranos, y los hermanos se matarán entre sí por envidias, y las batallas estarán a la orden del día. No se respetará ni al padre ni al hijo, ni en las matanzas ni en el incesto.

Después de una persecución perpetua, que se ha llevado a cabo desde la creación del universo, el lobo Skoll y su hermano Hati finalmente devorarán a la diosa Sol y a su hermano Mani, la luna. Las estrellas desaparecerán de los cielos, sumiendo a la tierra en oscuridad. Y es en estos tiempos cuando toda unión se romperá, toda cadena y cada uno de sus eslabones será destruido y así Loki y su hijo Fenris (atrapado gracias al sacrificio de la mano de Tyr con una cadena mágica que construyeron los virtuosos enanos) quedarán en libertad para vengarse con todo el poder de las tinieblas.

Las aguas inundarán la Tierra, pues la Serpiente Jormungand de Midgard se revolverá con gran furor y saltará a la tierra, escupiendo veneno con cada respiración hacia cielo y tierra. Se soltará entonces el barco Nafglari o Naglfar, hecho con las uñas de los muertos (por eso se evita que un muerto sea enterrado sin cortarle las uñas, para no dar fuerza a ese barco y retrasar el Ragnarok), cuyo piloto es el gigante Hrym de las tierras de Jotunheim, quien se dirige hacia los campos de batalla de Vigrid.

El terrible hocico del lobo Fenris se abrirá tanto, que la parte inferior de su quijada raspará contra la tierra y la parte superior ejercerá presión contra el cielo. Las llamas birllarán incandescentes en sus ojos y saltarán de sus fosas nasales en señal de la gran violencia que le invade. Eggther, el vigilante de Jotunheim, la tierra de los gigantes, se sentará en su tumba y rasgará su arpa, sonriendo severamente. El gallo rojo Fjalar cantará a los gigantes y el gallo de oro Gullinkambi cantará a los dioses. Un tercer gallo, de color rojo oxido, levantará a los muertos en Hel.

Desde el norte, una segunda nave fijará también sus velas hacia Vigrid, con Loki, ahora libre, como timonel, y los horribles habitantes de Hel como peso muerto.

El cielo se rasgará y los hijos de Muspell, la tierra de las incandescentes llamas, vendrán lidereados por Surtr o Surtur y su brillante espada, con la que las estrellas, el sol y la luna fueron creadas y cuando cabalguen sobre el puente del arcoiris Bifröst, éste se romperá bajo sus cascos. En el momento en que las fuerzas de la oscuridad lidereadas por Loki, se hayan reunido, con Fenris, Jormungand , Hel, los gigantes de escarcha, y las otras terribles criaturas de oscuridad se hayan reunido en Vigrid será el momento de la batalla. Heimdall con su poderosa visión, será el primero en ver las fuerzas de la oscuridad, y se levantará y tocará el Gjallarhorn, el cuerno que anunciará el fin de los tiempos. Los dioses responderán al llamado y se reunirán en asamblea. En ese momento, Odín cabalgará montado sobre Sleipnir, el caballo de ocho cascos, hacia la morada de Mímer, donde le consultará acerca de la esperanza de su pueble y la de él mismo. El viejo árbol del mundo Yggdrasil temblará con gran fuerza y no habrá ser alguno que no tenga miedo.

La Batalla final y la muerte de los dioses

Odín, montado en sleipnir, su caballo de ocho cascos, en la batalla del Ragnarok contra el Lobo Fenris, quien lo traga completo.

Los Ases y los Einherjard, los guerreros caídos en batalla que fueron llevados al Valhalla por las Valquirias, vestirán sus brillantes armaduras y cabalgarán hasta el campo de batalla Vigrid, guíados por Odín quien vestirá un casco de oro y una faja brillante, empuñando su poderosa lanza Gungnir. El ejército de los Einherjer estará compuesto por 432,000, siendo 800 por cada una de las 540 puertas del Valhalla, la morada de Odín, ellos se enfrentarán cara a cara, hombre a hombre al ejército de las tinieblas. La batalla empezará con Odín dirigiéndose a enfrentar al infernal Fenris, y ambos se enfrascarán en furioso combate hasta que finalmente Fenris tragará a Odín entero quien no podrá recibir ayuda del poderoso Thor, que estará peleando a muerte con su viejo enemigo Jormungand la serpiente del caos, y logrará vencerla, más sin embargo, en el último momento la serpiente logrará clavarle sus colmillos inyectándole su poderoso veneno, retrocederá nueve pasos y morirá en el instante. Fenris, que había derrotado a Odín, morirá a manos de Vidar, el hijo de Odín, quien pisará la mandíbula de Fenris con su zapato hecho de las suelas que los hombres desechan (lo cual es buena costumbre, pues ayuda a los Ases en la batalla final del Ragnarok) y se la romperá al tirar de la mandíbula superior. Frey luchará contra Surtur, el gigante de Muspellheim, mas morirá por no tener la espada que le dio a Skirnir. Entonces soltarán al perro Garm, el más horrible de los monstruos, que está atado ante Gripahell, y luchará contra Tyr quien lo logrará matar, pero será herido tan seriamente que sobrevivirá pero sólo hasta poco después de que el mundo sea destruido por el fuego. Loki luchará con Heimdall, donde al fin su eterna disputa terminará en un igualado encuentro que se resolverá con la muerte de ambos. Surtur arrojará fuego sobre la tierra y quemará todos los mundos.

Entonces, Surt quemará al mundo entero con fuego. La muerte les llegará sin falta a todos los seres en la Tierra. El sol se apagará y las estrellas desaparecerán de los cielos. Surgirán vapores tóxicos y las llamas estallarán, abrasando el cielo con el fuego. Finalmente, la tierra se hundirá en el mar.

El mundo después del Ragnarok

Pero no todo el mundo morirá. Los que estén en el cielo Gimlé se salvarán y beberán, y también los que estén en el palacio Brimir en Okolnir.

Después de la destrucción, una tierra nueva emergerá del mar, verde y justa, y más pródiga que ninguna antes vista. El prado Idavoll, en el Asgard ahora destruido, no habrá sucumbido al final de todo. El sol reaparecerá como Sol, ya que antes de ser tragada por el incansable Skoll, habrá dado a luz a una hija, idéntica a ella misma. Esta hija reanudará el curso de su madre brindando luz en el nuevo cielo.

Tan sólo unos cuántos dioses sobrevivirán al Ragnarok. El hermano de Odín, Vili, los hijos de Odín, Vidar y Vali, los hijos de Thor, Modi y Magni, que heredarán el martillo mágico de su padre Mjolnir, y finalmente Honir. Baldur y su hermano Hod, quienes murieron antes del Ragnarok, emergerán del infierno y se sentarán en los aposentos de Odín, en el viejo Valhalla de los cielos. Al reunirse en Idavoll, los dioses sobrevivientes se sentarán juntos, discutirán su conocimiento oculto, y charlarán sobre muchas cosas que han sucedido, incluyendo el mal de los terribles hijos de Loki Jörmungandr y Fenris. En la hierba encontrarán los tableros de ajedrez de oro, los cuales los Ases utilizaron, y admirarán esta maravilla. Ninguna de las diosas es mencionada en las varias versiones de las consecuencias de Ragnarok, pero se asume que Frigg, Freya y otras diosas sobrevivieron la catástrofe.

Dos seres humanos, que continuarán y comenzarán la nueva humanidad, también escaparán la destrucción del mundo ocultándose profundamente dentro de la madera de Yggdrasil -algunos dicen que en la madera de Hodmimir – donde la espada de Surt no puede destruir. Tendrán por nombre Lif y Lifthrasir, quienes juntos, adorarán su nuevo panteón de dioses, gobernado por Baldur.

Aún existirán muchas moradas que contendrán las almas de los muertos. Según la ‘Edda en Prosa’ (Eddas son los escritos que relatan la mitología Nórdica, basados en recopilaciones poéticas de héroes y mitos), otro cielo existe al sur y sobre Asgard, llamado Andlang, y un tercer cielo sobre este, llamado Vidblain; y estos lugares ofrecerán protección mientras el devorador fuego de Surt quema al mundo. En Gimli, los dioses vivirán en paz entre ellos y con otros. Existirá Brimir, un aposento en Okolnir (“nunca frío”), donde una gran cantidad de buenas bebidas serán servidas. Y existirá Sindri, un excelente aposento hecho enteramente de oro rojo, en Nidafjoll (“montañas oscuras”). Las almas de buena y virtuosa voluntad vivirán en estos lugares.

También habrá lugares horribles como Nastrond (“filamento del cadáver”) donde será parte del inframundo y será tan vil como extensa: ninguna luz del sol llegará a este lugar; todas sus puertas se ubicarán de cara al norte; sus paredes y azotea serán hechas de serpientes entrelazadas que con sus cabezas mirando hacia adentro, arrojarán tanto veneno que correrá como ríos en los pasillos. Esto será un castigo para los asesinos, los que rompen sus promesas, y los incestuosos, quienes nadarán a través de estos ríos por siempre.

Y en el peor lugar de todos, Hvergelmir, los Nidhogg que hayan sobrevivido al Ragnarok, torturarán los cuerpos de los muertos, succionando su sangre. Y así, al final del holocausto, en este nuevo mundo, y después de la batalla donde Odín y los viejos Ases perdieron la vida, no habrá ya maldad, ni miseria. Los hombres y los dioses vivirán en paz y armonía, y los descendientes de Lif y de Lifthrasir crearán una nueva humanidad que poblará Midgard.