Los Nueve Mundos y el

árbol Ygdrassil

En el artículo anterior pudimos tener una idea general acerca de la concepción nórdica del mundo y su ordenamiento en diferentes reinos a lo largo del Árbol Ygghdrasil. Ahora el objetivo es profundizar en el simbolismo contenido en este árbol sagrado, para aproximarnos a una mayor comprensión de cómo los antiguos habitantes de Escandinavia buscaron dar una explicación sólida y permanencia; es decir, raíces, al mundo en que vivían, pero también una justificación a mundos o dimensiones desconocidas (vida y muerte, existencia del bien y el mal, conflicto y armonía, carencia y abundancia, etc.). Todas éstas condiciones de origen desconocido pero indudablemente, para ellos, producidas por fuerzas invisibles.

Como en todas las sociedades prehistóricas, la base del saber es el pensamiento mágico como una primera explicación del mundo. Las creencias que provienen de esta forma de pensamiento son divulgadas y perpetuadas por generaciones a través de la transmisión oral (con sus consiguientes deformaciones) y mantenidas como verdades absolutas en estas comunidades humanas que, por demás, permanecieron aisladas del resto del continente europeo y sus avances filosóficos y científicos hasta avanzada la era cristiana .

Siglos antes del encuentro entre los vikingos y los pueblos invadidos, los filósofos griegos habían sentado las bases para el conocimiento científico y avanzaban la matemática, la astronomía, la química y otras ramas del saber humano. Estos hombres venidos del norte, con sus creencias y prácticas mágicas ancestrales tan arraigadas, tenían una explicación diferente de la naturaleza, del ser humano y su destino. El árbol Yggdrasil reúne y expresa esa concepción.

El árbol como símbolo

El árbol, para todas las tradiciones antiguas, es el símbolo por excelencia de la manifestación concreta de la vida por su función protectora y generadora de alimento. Por su arraigo a la tierra y por proporcionar material para la nutrición, creatividad y construcción de nuestro mundo material, se convierte en el punto de apoyo para sostener el mundo concreto conocido. Sus ramas se elevan al cielo y se confunden con el firmamento inaccesible, con lo cual parecieran poder alcanzar esas luminarias y vincular así al hombre con las fuerzas superiores que escapan de su control. El árbol, concebido de esa manera, simboliza una vía para la búsqueda de verdades trascendentes y trascendentales que den sentido a la existencia humana.

Para los pueblos escandinavos, el árbol es igualmente un punto de apoyo para asegurar que no estarían a merced de fuerzas abstractas, de un vacío insondable y los rigores del hielo y el fuego, sino amparados por un sólido fresno, el más grande del universo, que daría sentido y orden a la existencia de dioses, humanos y bestias.

El árbol sagrado, como todo árbol, nace en la tierra y sus ramas, que llegan a ser incontables, se extienden hacia lo alto, como una metáfora de la evolución y el ascenso de la especie.

La formación de este Fresno del Mundo es mucho más compleja de lo que podemos percibir a simple vista. En los primeros siete capítulos de la Edda Prosaica (o Edda en prosa), el compilador del siglo XIII Snorri Sturluson nos legó una serie de historias y semblanzas que nos permiten adentrarnos en el mundo de dioses, gigantes, enanos, pozos mágicos, animales y objetos prodigiosos, todos agrupados en o alrededor del árbol del mundo, como metáforas de la psique y experiencia humanas.

El número 9 como símbolo

Tal como veíamos en el artículo anterior, Ygdrassil, el árbol más grande imaginable, era capaz de sostener el mundo, la esfera de los dioses y de otros seres (enanos, elfos, gigantes, muertos, hombres, animales, minerales y plantas), así como la bóveda celeste.

Lo que llama poderosamente la atención es que se tratara de 9 mundo, ni más ni menos, y que a lo largo de importantes relatos el número 9 se repita con tanta frecuencia: 9 días pasó Odín colgado de Ygdrassil para conseguir las runas , fueron 9 las gigantas que procrearon a Bragi , la mayoría de las fuentes hablan de 9 valkirias , 9 días tardó Helmod para llegar al Inframundo y negociar con Hel, 9 pasos dará Thor antes de morir el día del Ragnarok, etc.

Igualmente se repite el número 3, múltiplo de 9. Son 3 los seres primigenios : la vaca Audumla, Ymir (el temible gigante de Hielo) y Bor (un gigante benigno). A partir de estos 3 seres se iniciaron las siguientes ramas. Son 3 dioses quienes dieron forma al universo (Odín, Vili y Ve); 3 raíces sostienen al Árbol Ygdrassil; 3 son sus niveles; 3 los pozos sagrados que lo irrigan y 3 las bestias que amenazan destruirlo: Son 3 las Nornas señoras del destino; las valkirias descienden a bañarse en los lagos en grupos de 3; también son 3 los engendros malignos de Loki , etc.

Yggdrasil y sus tres raíces


Afianzado en tres raíces, cada una conduce a un reino: Una al Asgard, reino de los dioses, otra a Jotunheim, reino de los gigantes de fuego y la tercera a Nifleheim, reino de los gigantes de hielo; es decir, un basamento va hacia los dioses y los otros dos a los grupos de sus mayores enemigos, los gigantes, triangulando así las fuerzas que mantienen el mundo y las que quieren destruirlo.

Yggdrasil y sus tres planos

A lo largo del Yggdrasil se ordenan nueve mundos, distribuidos en tres planos.

1. El plano superior, asentamiento del Asgard, reino de los dioses y, extrañamente, destino de la primera raíz, que se extiende hacia la copa del árbol. Allí hay muchas salas y palacios o aposentos de los diferentes dioses. Este es el reino complejo inalcanzable, morada de quienes ponen autoridad y dirigen los acontecimientos. Es el plano de la memoria ancestral, el intelecto y la razón.

2. En el plano medio o tronco del árbol, está Midgard, la tierra media, que alberga a los seres humanos. Ella contiene las cuatro direcciones y los cuatro elementos. Es la tierra destinada a la humanidad y representa la personalidad, el ego y la conciencia. Alrededor este plano giran los ocho reinos restantes:

Del Norte (Northi) provienen las aguas heladas, niebla y confusión, donde nada sobrevive. Es el polo negativo proveniente de las reminiscencias del Nifleheim originario. En su opuesto, el Sur (Suthri) predomina el fuego, remanente del fuego primordial y hogar de los gigantes de fuego. De allí brotan aun chispas cálidas de vida, como polo positivo. Así, entre el Norte y el Sur se equilibran Hielo y Fuego que permiten la vida, manifestándose en un sentido físico y climático, en el invierno y el verano.

Al Oeste (Vestri), sobre el océano que rodea a Midgard, está el reino de los Vanes o Vanir , dioses de la naturaleza, fertilidad, el arte y la poesía, la belleza y la laboriosidad. Aquí residen simbólicamente los sentimientos y la intuición. En su opuesto, el Este (Austri), el reino de los gigantes, donde el cambio es constante, a veces caótico, pero impulsa la evolución. Aquí se representa el pensamiento racional que da impulso a la ruptura de esquemas, al cambio.

3. El plano inferior corresponde al inframundo Ahí encontramos el mundo de los enanos oscuros o Svartalheim, que es el reino de la forma, pues todo lo que en este reino se crea se manifiesta en Midgard. En este tercer nivel también está Helheim, el reino de los muertos y territorio de la diosa Hel , hija de Loki , quien está mitad viva, mitad muerta. A este reino van las almas de seres que no han muerto honrosamente, mueren de viejos o por enfermedad. Allí moran en sufrimiento y en espera de una nueva muerte para renacer o descansar. Es el plano de lo sobrenatural.

Significado del 9 para la Numerología occidental

Desde el punto de vista pitagórico, el número 9 se asocia a las palabras: sabiduría, guía, maestro, longevidad y servicio. Si bien la concepción nórdica del mundo no tiene vínculo con esta filosofía, que con toda certeza es posterior, existe una estrecha relación a nivel arquetípico, pues muestra evidencias de que hay una mente colectiva, con similares referencias, detrás de todo hecho simbólico.

Digamos en pocas palabras que, numerológicamente, el número 9 por ser el dígito más alto en la escala de los números simples, es aquel que reúne la experiencia alcanzada a través de todos números los anteriores. Indica consumación, maestría, plenitud y cierre de un largo proceso, como la gestación del ser humano, que concluye al noveno mes, cuando se corona el proceso y finaliza la etapa intrauterina para ver la luz e iniciar el siguiente ciclo de vida terrena.

El nueve, pues, es considerado el número de maestría y perfección; ejemplo de ello, al ser multiplicado por cualquier otro número, el 9 da como resultado 9 otra vez, pues en Numerología, los dobles dígitos deben ser sumandos entre sí (la llamada suma teosófica) para alcanzar un número simple. Este nuevo número se considera implícito en el primero.

9 x 1 = 99 x 6 = 54 = 5+4 = 9
9 x 2 = 18 = 1+8 = 99 x 7 = 63 = 6+3 = 9
9 x 3 = 27 = 2+7 = 99 x 8 = 72 = 7+2 = 9
9 x 4 = 36 = 3+6 = 99 x 9 = 81 = 8+1 = 9
9 x 5 = 45 = 4+5 = 99 x 10 = 90 = 9+0 = 9


Por ello, entre otras cosas, se le considera el número maestro, inalterable, representativo del sabio guía. Está dotado de experiencia, por lo cual en el tarot se le asigna a El Ermitaño (o El Eremita), el maestro, el anciano sabio. Quien ha hecho un largo recorrido y está dispuesto a compartir sus conocimientos (la luz) con quienes estén abiertos al aprendizaje.

Al mencionar “anciano sabio” no podemos dejar de referirnos a Carl Jung, quien incluye este arquetipo explícitamente, entre un grupo de ellos. Jung definió los arquetipos como imágenes primordiales, “formas o imágenes colectivas que se dan en toda la tierra como elementos constitutivos de los mitos y, al mismo tiempo, como productos autóctonos e individuales de origen inconsciente”. Desde este punto de vista, la elección intuitiva del número 9 pone en evidencia un patrón simbólico de carácter universal. Éste se puede captar, también, de manera inconsciente a lo largo de la historia y desde cualquier cultura. Es un símbolo compartido por la humanidad entera y por ello una expresión arquetípica.

Algo más sobre el número 9

No es casual ni arbitrario, sino intuitivo (producto del “inconsciente colectivo” en términos junguianos), que los pueblos del norte eligieran el número 9 para representar toda la creación. Este número es espíritu y materia, culminación y regeneración de cuanto existe. Un ciclo, un giro completo equivale a 360º. Haciendo la suma teosófica; es decir la reducción de esa cifra a un solo dígito, nos daría: 3+6+0=9
Por su parte el número 3, en Numerología, es considerado el número de la manifestación divina ya que, en principio es el primer número que se puede expresarse a través de una figura geométrica (el triángulo) por lo tanto es el primero en tener “forma”. Y el 9 es 3 veces 3, lo cual lo hace un número perfecto y completo, de consumación y realización.

Tal como hemos mencionado, estos nueve mundos no están desconectados, no son independientes. Son interdependientes y se encuentran unidos en especial por el puente Bífrost, el arcoíris, (de tres colores, por cierto, por haber sido hecho de fuego, agua y aire). Permanentemente amenazado de ser cruzado por los gigantes, como en efecto ocurría en el Ragnarok, es custodiado por Heimdall , dios de la luz, el hijo de Odín que jamás duerme. Veamos cómo lo describen las Eddas.
“Entonces pregunto Gangleri: — ¿Qué camino hay al cielo desde la tierra?
Entonces respondió El Alto (Odín) con gran risa: —Poco sabia ha sido ahora tu pregunta. ¿Acaso no has oído contar que los dioses hicieron un puente de la tierra al cielo, que se llama Bifrost?

Tienes que haberlo visto; quizás lo conozcas por el arco iris. Es de tres colores y muy resistente y está hecho con más habilidad y pericia que otras obras. Pero con todo lo fuerte que es, se romperá cuando los hijos del Muspel (los gigantes) pasen cabalgando por él, y sus caballos deberán vadear grandes ríos y de esta manera llegarán.”

La alucinación de Gylfi – Gylfaginning

Corolario: las 9 nobles virtudes

La manifestación contemporánea de las creencias escandinavas antiguas, es la religión Odinista o Ásatrú, oficialmente reconocida por Islandia (1973), Noruega (1994), Dinamarca (2003). Suecia y España (2007).

En la década de los años 70, John Yeowell (Stubba) y John Gibbs-Bailey (Hoskuld) de Odinic Rite basaron las nueve nobles virtudes de Ásatrú de fuentes históricas de la Edda poética, en particular Hávamál, Sigrdrífumál y sagas islandesas.

Desde entonces, las comunidades Ásatrú (Odinistas) se rigen por las Nueve Nobles Virtudes como referencia ética:

1. Coraje. Tengamos el coraje para afrentar los obstáculos de la vida. Y coraje para reconocer quiénes somos.

2. Verdad. Seamos siempre sinceros con nuestros seres queridos y con nosotros mismos. No caigamos en el abismo de la mentira.

3. Honor. Tengamos el honor de reconocer lo valeroso en nuestro enemigo. No odiemos, pero seamos como serpiente y digamos al mundo: No te me pares encima. Y si el motivo es honorable, luchemos por él.

4. Fidelidad. No solamente seamos fieles en nuestras vidas amorosas. Seamos fieles con el Aesir y con el Vanir (con los dioses), con el hermano en el Kindred (grupo local de culto) y con el amigo que nos respalda. No traicionemos por la espalda, eso no lo hace un guerrero. Seamos Fieles a nosotros mismos y a nuestras ideas.

5. Disciplina. Tengamos disciplina para trabajar y disciplina para luchar. Nacimos sin querer y moriremos sin querer, vivamos al menos como queramos. Pero siempre seamos disciplinados.

6. Hospitalidad. Debe haber hospitalidad entre hermandades Odinistas, hospitalidad para con nuestros primos celtas. Hospitalidad con el viajero y con nuestros hermanos.

7. Productividad. Si hemos comenzado una lucha por conseguir algo, no importa que perdamos una batalla, recuerden que su misión no es ganar todas las batallas, su misión es ganar la guerra o perderla con honor. Trabajemos con Laboriosidad.

8. Confianza. Aquel y sólo aquel que haya demostrado ser digno, démosle confianza. El Hamaval (de la Edda Poética, Discurso del Altísimo, Odín) dice “triste el hombre sin amigos, más le valdría no vivir”.

9. Perseverancia. Tengamos perseverancia en las empresas que comenzamos. No importa si te caes, reanuda de nuevo el trabajo.