Cosmogonía Nórdica

De la carne de Ymir la tierra fue creada
y de sus huesos las rocas,
la bóveda del cielo fue hecha con el cráneo del gigante de hielo,
y el mar se formó con su sangre…

Fragmento del “Vafprúonismál” (los relatos de Vafthrudnir)

La principal fuente de conocimiento que tenemos de la mitología nórdica son las Eddas, una compilación de textos mitológicos, religiosos, heróicos y poéticos que datan del siglo XIII. Originalmente, los poemas y leyendas eran aprendidos de memoria por los poetas y cantados por los pobladores, como una forma de mantener la tradición, ya que estos pueblos desconocían el lenguaje escrito. Tales cantos, relatos y poemas, eran utilizados, entre otras, en ceremonias iniciáticas de la pubertad a la edad adulta, en las que el neófito debía identificarse con la figura del dios protagonista (a menudo Odín), y pasar por las pruebas que el dios había establecido y superado.

Como cada civilización, los pueblos nórdicos tienen una cosmogonía; es decir, una concepción mitológica y religiosa sobre el origen y evolución del universo. De ese modo, los pueblos brindan una explicación de la creación del mundo, del surgimiento de la vida, de la naturaleza y sus leyes, así como del mundo de los dioses.

Todo parte del vacío y las polaridades Frío y calor.


Como en otras cosmogonías, en la concepción nórdica todo parte del instante infinito donde no existía vida, ni materia alguna. Sólo un vacío, llamado Ginnungagap, un abismo insondable e infinito que contenía el germen de la totalidad de las cosas en dos mundos:

Niflheim, al Norte, una región brumosa o reino del hielo eterno, donde murmuraba la fuente Hvergelmir de la cual partían doce ríos helados.
Muspellsheim, al Sur, reino de fuego luminoso y caliente, cuyos ríos poseían aguas ocres y venenosas y ofrecían un paisaje comparable con el infierno medieval.

Ambos mundos representan las polaridades, el bien y el mal en constante pugna, como principios fundadores de la vida.

En este vacío, poco a poco los ríos helados se fueron alejando de su fuente y derritiéndose al recibir el calor de Muspellsheim. Como producto del hielo derretido, surgieron los dos primeros seres: Ymir, un gigante hermafrodita de escarcha, que luego generaría la estirpe de los temibles Gigantes de Hielo, y la vaca Audumla, de cuya leche se alimentó Ymir.

Ambos tuvieron descendencia en forma asexuada.

Al dormirse Ymir, de su sudor surgieron los primeros gigantes, entre ellos Thrudgelmir, gigante de seis cabezas, abuelo de los gigantes del hielo que serían los eternos enemigos de los Aesir, divinidades guerreras.

La vaca lamía el hielo sagrado, y en tres días sus lamidas pusieron al descubierto a un hombre: Buri, hermoso, grande y poderoso, que sería el patriarca de la familia de los dioses o Ases. Buri tuvo un hijo, llamado Borr, que se casó con la giganta Bestla y de esa unión nacieron tres hijos: Odín, Vili y Ve. La primera tríada de Ases o Aesir del panteón nórdico.

Conscientes del mal y la destrucción que representaba Ymir, Odín y sus hermanos decidieron matarlo y en la sangre de sus heridas se ahogaron todos los gigantes menos la familia de Bergelmi. Odín y sus hermanos descuartizaron el cuerpo de Ymir para formar con él el universo: del cráneo del gigante hicieron la bóveda celeste, de su cerebro las nubes, de su carne hicieron la tierra, de sus cabellos los árboles, de su sangre mares y lagos, de sus huesos las montañas, de sus muelas las rocas. De los gusanos que brotaron de la carne de Ymir formaron la estirpe de los enanos, a quienes los dioses dieron forma humana y raciocinio y, debajo de la tierra recién creada, pusieron a cuatro de estos enanos para sostenerla: Nordi, Sudri, Austri y Vestri (los cuatro puntos cardinales).

De las chispas que salían del Mulpellsheim formaron las estrellas, ordenando sus órbitas.

Así, la Tierra quedó rodeada del mar exterior y en sus costas quedaron los gigantes que lograron escapar de la matanza. En su interior, protegida por una muralla que son las cejas de Ymir, levantaron un recinto central llamado Midgard, la Tierra Media, hogar de los Hombres. Un gigante fue convencido por Odín de tomar forma de águila, Hraesvelg y se le encomendó crear, con el batir de sus alas, el viento que proviene del el norte del mundo.

La creación del hombre

Creada la Tierra Media, Odín y sus hermanos tomaron dos troncos inertes de la playa – uno de fresno y otro de olmo- y le dieron forma humana, respectivamente hombre y mujer. Odín insufló en ellos el espíritu y la vida. Vili les otorgó pensamiento y sentimiento. Ve les dio el oído y la vista. Los vistieron y les dieron nombres a los seres recién creados: llamaron al hombre Ask y a la mujer Embla. De ellos descienden humanos, habitantes de Midgard.

Pero Midgard y sus habitantes no quedarían aislados del reino divino. Los uniría el puente de arcoíris o Bifrost, transitado a diario por los dioses.

Alma inmortal

Según reza la Edda Menor, al crear al hombre y a la mujer, Odín les dotó de “…un alma que vivirá y nunca morirá, aunque su cuerpo decaiga a polvo o se queme en cenizas. Todos los hombres rectos vivirán y estarán con él en el lugar llamado Gimlé o Vingólf, pero los hombres malvados irán a Hel y de ahí a Niflhel…” inframundo equivalente al infierno.