Las Valkirias
“Por todas partes vi a las valquirias reunirse,
prestas a cabalgar hacia la fila de los dioses,
Skuld lleva el escudo y Skogul cabalga detrás.
Gud, Hild, Gondul y Geirskogu.
De las doncellas de Herian (Odín)
la lista has escuchado,
las valkirias prontas a cabalgar
alrededor de la tierra.”
Edda Poética.
Para los pueblos nórdicos con su arraigada tradición guerrera, morir en batalla era no sólo honroso, sino deseable, la forma de alcanzar la gloria eterna. Una muerte en batalla, empuñando la espada, era el ideal para todo vikingo pues le aseguraba el honor de ser recogidos por las Valquirias, las semidiosas al servicio de Odín, quienes lo conducirían al Valhalla, el palacio que el padre de los dioses tenía destinado para ellos en el Asgard , reino de los dioses guerreros Aesir o Ases.

Las valkirias eran semidiosas consideradas como divinidades del aire, aunque hubo había entre ellas doncellas mortales, en especial princesas, que podían convertirse en valkirias por sus méritos. En todo caso, la doncella que se convertía en valkiria permanecía invulnerable e inmortal bajo dos condiciones: obedecer a los dioses y conservar su virginidad.
A pesar de estar al servicio de Odín , eran también comandadas por la diosa Freyja , que además de ser la diosa del amor tenía también una faceta como anfitriona de los guerreros muertos en combate en el palacio del Asgard destinado para ellos.
El nombre de valkiria significa “la que elige a los caídos”. También se les denominaba “doncellas-cisne”, ya que en algunos mitos visten plumas de cisne que les permiten volar. Según las leyendas, algunas podían adoptar la forma de hermosos cisnes blancos, animales asociados a augurios y premoniciones (recordemos que los cisnes son unos de los acompañantes de las Nornas ); pero muy especialmente tomaban la forma de cisne, en grupos de tres, para bajar a la tierra a bañarse en cascadas y lagos. Si en tal circunstancia fueran vistas por un humano y él podía atrapar a alguna, ésta se convertía en mortal, debía desposarse con el humano y no regresar nunca al Valhalla. Otra versión afirma que el humano que fuera capaz de capturar a una doncella-cisne o que consiguiera quitarle su capa de plumas, podía pedirle un deseo. Por eso a veces las valkirias también son conocidas como “doncellas de los deseos”.
Funciones de las valkirias

Según narran las Eddas , las valkirias cabalgan siempre junto a los hombres en plena batalla, en busca de los muertos más dignos y valientes, además de decidir quién gana y quién pierde en cada lucha. De este modo, la tarea principal, la que las inmortalizó en la tradición popular y la literatura, fue la misión de rescatar a los héroes muertos en batalla. Obviamente sus cuerpos quedaban abandonados en tierra, para que se procediera a sus funerales (ya fuera enterrado o en la pira funeraria, según el status y condición social del guerrero), pero lo que hoy llamaríamos su doble etérico se iba con ellas al mundo de los dioses.
Para tal fin Odin las enviaba a cada combate y, una vez allí, determinaban la suerte de los hombres de ambos bandos involucrados, otorgando la victoria a unos u otros. Las encargadas de esta tarea son Guthr, Rosta y Skuld, la más joven de las Nornas. No es de extrañar que entre las valkirias se encontrara Skuld, la Norna del futuro, ya que de las nornas también dependía el final de cada vida.La segunda tarea, y no menos importante, es la de servir y atender a los guerreros en Valhalla, para cuya función están Hrist, Mist, Skeggöld, Skögul, Hildr, Thruthr, Hlökk, Herfjötur, Göll, Geirahöth, Rangrith, Rathgrtith y Reginleif, Algunas son hijas de dioses, incluso del propio Odín, otras hijas de reyes y nobles. Ellas escancian las bebidas, atienden las mesas y mantienen llenos los cantaros de hidromiel.
Otra atribución de las valkirias era como mensajeras de Odín. Montaban en sus briosos caballos y partían al destino indicado surcando los cielos. Sus resplandecientes armaduras, a veces de oro, plata o de vívidos colores, provocaban con su brillo el impresionante fenómeno atmosférico conocido como aurora boreal o “luces del norte”.
En las sagas se las describe como hermosísimas jóvenes vírgenes de largos cabellos rubios, ojos azules y piel tan blanca que irradiaba un aura de luz. Cabalgaban sobre caballos alados y vestían armadura, llevaban lanzas, escudos y, en oportunidades, cascos para poder cabalgar junto a los combatientes y decidir su futuro durante la lucha.
Dado que habitualmente se desplazaban entre las nubes sobrevolando los campos de combate, llegaron a ser la personificación misma de las nubes, y sus relucientes armas la de los relámpagos. Cuando se producía una tormenta eléctrica en el cielo nublado, se decía que eran las valkirias que iban en cumplimiento de alguna misión.
El imaginario popular pensaba que el blanco hielo y el rocío caían sobre la tierra desde las brillantes crines de corceles blancos de las valkirias al momento que ellas surcaban el aire. Por ello, la nevada y el rocío eran respetados y bien recibidos, ya que se les atribuía una influencia benéfica a gran parte de la fertilidad de la tierra, la armonía en valles y montañas, la robustez de los árboles y el sustento familiar.
Por otra parte, la misión de las valkirias de reunir a los valientes muertos, no sólo se limitaba a la tierra, en los campos de batalla, sino que a menudo debían cabalgar sobre el mar, rescatando a los vikingos muertos en los buques de guerra que se hundían. A veces descendían en la costa y desde allí atraían a los héroes. El que ellas se hicieran presentes era una advertencia firme de que ésta sería la última batalla para muchos, lo cual era recibido con gozo por todo héroe vikingo sabiendo que tendrá la oportunidad de una muerte honrosa y pronto estará al servicio de Odín.
La imagen de jinetes y el atuendo que se les atribuye a las valkirias han llevado a creer erróneamente que eran guerreras, aunque no hay relato alguno que las describa combatiendo. Sí podían interceder por un guerrero que gozara de su predilección, por ejemplo arrojando sobre oponente una red invisible que les produjera una parálisis inesperada. Se mezclaban entre los soldados para poder identificar a los más bravos combatientes, pero no eran guerreras en sí mismas, como las amazonas de la mitología grecorromana.
Importancia de las valkirias en Valhalla

En el campo de batalla, la mitad de los que mueren van a Valhalla, presidido por Odín. La otra mitad va al campo Fólkvangr con la diosa Freyja. Las valkirias escoltaban al valiente recogido en el campo de batalla a través de Bifrost, el puente de arco iris que une el mundo de los hombres con el de los dioses, y lo llegaban con al Valhalla. Una vez allí, las valkirias se cambiaban de ropa y, vestidas con simples túnicas blancas, le curaban las heridas, le servían alimentos, en especial fuentes llenas de carne de jabalí, y lo que podría considerarse el vino sagrado, hidromiel.
Una vez en el Valhalla, los guerreros elegidos se convierten en einherjar, un ejército de hombres valientes que se entrenan como “grupo de élite” a favor de los dioses, listos para hacer frente a los enemigos de los dioses, tales como gigantes u otros seres destructivos como el ejército del inframundo de Hel , el Lobo Fenrir y el dragón Nidhogg. Especialmente preparados para enfrentar la batalla final, Ragnarök, cada einherjar sabe que le sobrevendrá una segunda muerte, pero tendrá el honor de luchar brazo a brazo y morir junto a los dioses.
El Valhalla era un majestuoso edificio cuyo techo estaba construido con escudos de oro y contaba con quinientas cuarenta puertas. Por cada una de ellas saldrían 800 guerreros einherjar llegado el momento del Ragnarok. A diferencia de todos los demás paraísos prometidos por otras religiones, que ofrecen un mundo de paz y bienaventuranzas, el atractivo, el placer prometido al vikingo valiente y digno era, ante todo, poder estar en presencia de Odín y poder prestar servicio a los dioses llegado el momento. Luego, la compañía y camaradería con de correligionarios, con quienes si bien entrenaban en luchas a muerte, sus heridas restañaban sanando automáticamente y, como buenos amigos volvían a compartir el banquete y la bebida, hasta la próxima contienda. Nunca se menciona el placer sensual que no fuera banquetes, combates, compañerismo e hidromiel.
En efecto, luego del crudo entrenamiento, este ejército era llevado al Vingólf , recinto cercano al Valhalla, conocido como el salón de las diosas, y posteriormente como el “salón del vino”. Es éste el lugar donde los einherjar, soldados rectos y guerreros insuperables por su valor, se reunían para comer, disfrutar del hidromiel y narrar sus proezas. Probablemente habría entre ellos músicos y algún poeta o escaldo, ya que el mayor motivo de disfrute en las reuniones y banquetes vikingos era escuchar canciones, poesía épica y sagas que relataran episodios mitológicos y heroicos.
Las valkirias aparecían generalmente en grupos de nueve, aunque su número fluctuó aunque hay quienes afirman que llegaron a ser 16. Una de las más famosas fue Brunilda, castigada por Odín por haberle engañado decidiendo la suerte de una batalla en sentido contrario al deseado por él. Por ello perdió la inmortalidad y fue desposada por Sigfriedo, el hombre sin miedo, como se relata en la obra El Anillo de los Nibelungos (O El Anillo del Nibelungo, que sería la forma correcta), inmortalizada por Richard Wagner.
