Los Vikingos

En sus orígenes, los pobladores del norte de Europa fueron hábiles cazadores que se sedentarizaron en el Período Neolítico fundando asentamientos junto a ríos y tierras fértiles de Escandinavia. Así, se organizaron en torno a la agricultura y la cría (cultivo de trigo, cebada y centeno; cría de cabras, ovejas, bueyes, asnos, caballos y renos). Con el tiempo, gente de diferentes zonas, en especial suecos, daneses y noruegos, desarrollaron la navegación y el comercio, en el cual fueron muy activos.

Origen del término Vikingo

Los escandinavos no se consideraban a sí mismos como vikingos, término acuñado por los europeos de más al sur como una generalización para designar a la gente procedente del norte. el nombre vikingo surge a principios de la Edad Media, al parecer derivada de la palabra “Wik”, que significa “hombres del norte” u “hombres del mar”, que a posteriori cambió a Vik. También podría venir de la frase “Vik in”, que significa “bahía adentro”, obviamente por los desembarcos que perpetraron en la época. Con el tiempo, los escandinavos mismos llegaron a denominar viking a los viajes que organizaban para saquear regiones vecinas y quien participaba en tales saqueos era llamado vikingr.

En época de paz, los guerreros volvían a ser granjeros o artesanos en sus talleres de alfarería y metalurgia, regresaban a la vida familiar y a los asuntos del clan. Entonces se les podía reconocer como poetas, cantores, agricultores y gente de fe. Por supuesto, no se trataba de granjeros dóciles y apacibles, sino un pueblo acostumbrado a duras pruebas, cuyos valores principales eran la bravura y el coraje, pero también el respeto a los dioses y a los ancestros. Ante todo, eran pueblos con una historia inspirada en actos heroicos, hazañas y conquistas, primero al enfrentar y dominar la naturaleza inclemente del Norte, luego ante otros pueblos donde fueron incursionando.

El período vikingo

Entre los años 793 y 1.066 d.C., se sitúa el llamado “período vikingo”. Hasta al año 793 la gente del norte era desconocida por el resto de Europa. Ese año iniciaron sus actos de pillaje al saquear el monasterio de Lindisfarne, al norte de Gran Bretaña, seguido por sucesivos ataques a otros monasterios de donde sustraían sustanciosos botines. Las crónicas de los dos siglos siguientes están cargados de aterradores relatos de muertes, violaciones y saqueos de parte de los invasores vikingos. Su furia aterrorizó a las antiguas comunidades, a pesar de estar acostumbradas a guerras internas no menos violentas.

Lo más impactante eran sus impredecibles ataques por la agilidad del drakkar, barco vikingo, llamadas así por el mascarón de proa en formas de cabeza de dragón. Una flota de drakkars llegaba de súbito a las costas en gran número y cargada de fieros guerreros que descendían por cientos y a veces miles, muchos de ellos en una especie de violento trance y emitiendo sonidos aterradores. Parecían verdaderos demonios que sorprendían en su indefensión a los pobladores, en especial clérigos y campesinos, sus primeras víctimas.

Los vikingos estaban acostumbrados a lidiar con mares continuamente azotados por terribles tormentas. Esto les hizo desarrollar el arte de la navegación, más que otros pueblos, así como una insuperable destreza para construir los ágiles y livianos drakkars. Tal navegación, superior a la de otros pueblos europeos, les permitió abrir rutas comerciales por los principales ríos navegables de Europa y de Rusia occidental y colonizar tierras inexploradas, entre ellas parte del Noroeste de Rusia, Islandia y Groenlandia, donde fundan ciudades. O el caso de “Erik el Rojo” quien llegó a pisar suelo americano (península del Labrador, Canadá) 500 años antes que Cristóbal Colón.

Desde el año 865 vikingos y sus descendientes, gobernaron las islas británicas hasta su final derrota por los normandos, a su vez descendientes de vikingos que habían recibido tierras en Normandía (Francia). Así, el llamado período vikingo termina en 1.066 con la caída del rey Harald el Despiadado, muerto en la Batalla del puente Stamford. A pesar de ello, la influencia nórdica en toda Europa siguió sintiéndose. En Italia fundaron el reino normando de Sicilia (1071-1198), influyeron en el Califato de Córdoba y en el Imperio bizantino. La cristianización de los hombres del norte -y de Escandinavia- significó el final paulatino de su actividad tal y como se había conocido.

Vikingos, fuentes históricas

Los antiguos pueblos del Norte, al no disponer de escritura, transmitían su cultura a través de la tradición oral. Para ello empleaban poemas, canciones, leyendas y sagas o narraciones, transmitiendo de generación en generación su religión, su historia y los valores culturales como la valentía, el respeto al clan y a los ancestros, el temor y la veneración a los dioses, etc. Tales relatos no sólo eran transmitidos de padres a hijos, sino por poetas y cantores que visitaban los poblados llevando el conocimiento de los dioses, del origen del mundo y de los hechos pasados y recientes sucedidos en la región o en tierras extrajeras, como guerras, hazañas y personajes notables. Estos poemas y relatos pudieron haberse perdido con el tiempo de no haber sido recogidos en las Eddas.

Edda Mayor: Alrededor del siglo X y XI los monjes irlandeses que se habían trasladado a Islandia entran en contacto con los vikingos que fijaban asentamientos allí y, en esa convivencia, los monjes fueron recogiendo por escrito algunos de los poemas paganos que circulan entre los vikingos, cuya compilación se llamó “Codex Regius” (el Manuscrito Real). Los poemas allí recogidos hablaban sobre la mitología, costumbres, enseñanzas y hazañas ancestrales vikingas.

Edda Menor: En el siglo XIII, el gobernante y poeta de Islandia Snorri Sturluson, conoció por los descendientes vikingos las “sagas”, prosa que transmite información sobre la vida doméstica y costumbres de los pueblos del norte, al tiempo que arrojan claridad sobre el contenido de los poemas de la Edda Mayor, facilitando la comprensión de los mitos allí contenidos.

De las Eddas se desprende el material de referencia que existe sobre la mitología y vida nórdica en la versión de sus descendientes, tal como la recibieron de sus ancestros. Con los siglos puede haberse perdido mucha información. También es cierto que estas versiones pueden diferir de los testimonios y percepción recogida en la historia oficial europea (narrada por historiadores de otros países, muchos de ellos víctimas de incursiones y probablemente no objetivos). Con todo ello, las Eddas siguen siendo la fuente más fidedigna que tenemos y han sido motivo de estudio por parte de los más calificados investigadores dedicados al tema.