Idun

Diosa Idun

Los dioses escandinavos no son inmortales como en otras mitologías. Son mortales, sufren lesiones, pérdida de miembros, envejecen y mueren, pues su condición es como la de cualquier otro mortal. Pero, a diferencia de los mortales, pueden mantener la juventud, la lucidez y la fuerza al comer las manzanas de la eterna juventud que les provee la diosa Idun.

Ella es la esposa del dios Bragi , hijo de Odín , y en la Edda poética se le asigna el rol de guardiana de tan preciadas manzanas. Las atesora en un cofre de madera de fresno, árbol preciado por recordar al sagrado Yggdrasil.

Idun es noble, hermosa y joven y personifica la primavera o la juventud eterna. No hay indicaciones sobre su nacimiento, pero de seguro nunca experimentaría la muerte. Cuando hizo su aparición en el Asgard junto a Bragi, su esposo, recibieron una cálida bienvenida ya que él era un dios elocuente, encantador, músico y poeta. Ella, por su parte, prometió a los dioses un bocado diario de sus portentosas manzanas, cuyo poder era otorgar la juventud y la belleza eterna a quienes las comieran.

A partir de entonces, gracias a las mágicas manzanas, los dioses esquivaron el paso del tiempo y la enfermedad, mantuvieron su energía, se veían hermosos y jóvenes durante numerosas décadas. En el cofre prodigioso, sin importar cuántas manzanas se extrajeran, siempre quedaba el mismo número de frutas para ser degustadas en los festines de los dioses que, por demás, eran los únicos seres a los cuales Idun permitía comerlas.

No obstante, como era de suponer, enanos y gigantes ansiaban comer de aquellas manzanas y en virtud de esto surgió un memorable evento:

Secuestro de Idun

Cierto día, en uno de sus frecuentes viajes a Midgard, la tierra de los hombres, Odín , Loki y Hord habían llegado a un lugar solitario, sin hospedaje ni nadie para atenderlos. Fatigados y hambrientos por la larga travesía, decidieron cazar un buey de un rebaño que vieron pastar muy cerca. Dispusieron una hoguera bajo un frondoso fresno y pusieron a asar la presa. Pero un viento gélido impedía la cocción de la carne. Al divisar en la dirección del viento, sobre la copa del árbol, descubrieron un águila que, con el batir de sus alas, enviaba la fría corriente que impedía asar el buey. Los dioses negociaron con el águila para que cesara el viento y, a cambio, eligiera una pieza de la carne asada.

El águila permitió la cocción de la carne pero, al repartirla, tomó una pierna y todo el lomo. Enfurecido Loki por el abuso, asestó un fuerte golpe al animal con un palo que tomó del montón de leña. El águila emprendió vuelo en el acto, pero el palo quedó pegado a su espalda y el otro extremo a las manos de Loki quien fue alzado por los aires. Así el águila llevó consigo a Loki hasta lo alto de una montaña nevada y fría, en el Jotunheim . Allí, el dios vio al águila transformarse en Thiazi, el gigante de hielo, señor del invierno. Loki era ahora su prisionero, y como era costumbre exigir un rescate o pago por la libertad de un dios, el gigante exigió a cambio a Idun y sus manzanas de la juventud eterna.

El astuto Loki urdió una de sus acostumbradas estratagemas. Acompañado del gigante convertido de nuevo en águila, regresó al Asgard y convenció a la ingenua Idun para que fuera con él a constatar que había encontrado en el Midgard un árbol con frutos idénticos a los suyos y con iguales efectos. La diosa, ingenuamente, lo acompañó llevando su preciado cofre y su mágico contenido sin imaginar que al salir del Asgard, el águila-Thiazi, la atraparía con sus garras y volaría con ella hacia su helado mundo para disfrutar él solo del preciado tesoro de Idun.

Lejos de sus compañeros los dioses y de su amado Bragi Idun languideció, se tornó triste y pálida, pero voluntariosamente siguió rehusando permitirle a Thiazi el más mínimo bocado de la codiciada fruta mágica.

Mientras, los dioses en el Asgard a su vez extrañaban a la diosa y la buscaron sin éxito por todas partes. Cada día notaban más y más los efectos de la vejez y la decrepitud, sintiéndose débiles y cansados. Sus poderes menguaban con las horas. Reuniendo las fuerzas que le quedaban, Odín llamó a los dioses a concejo donde recordaron que la última vez que Idun fue vista acompañaba a Loki. Éste fue capturado -y tan duramente presionado- que confesó su infamia y se comprometió a traer de regreso a Idun y sus manzanas. De lo contrario, debía enfrentar la muerte de manos de los dioses.

Regreso de Idun

Freyja prestó a Loki su capa de plumas de halcón. El dios, convirtiéndose en la veloz ave, voló hasta llegar a Jotunheim donde encontró a Idun, prisionera en una caverna de hielo, languideciendo en su soledad y sin un rayo de sol que le transmitiera vida. A través de unas palabras mágicas, Loki transformó a Idun en una nuez y atrapándola en sus garras voló, de vuelta a Asgard.

Cumplido el rescate, Loki, aun como halcón, emprendió vuelo con Idun convertida en nuez, aunque seguidos por el águila-Thiazi. Llegando al Asgard, los dioses vieron al halcón tratando de esquivar al águila y amontonaron leña contra el muro de su reino. Cuando Loki e Idun pasaron sobre el muro, de inmediato los dioses encendieron la fogata. El águila no pudo evitar las llamas y sus alas fueron alcanzadas por el fuego, cayó estrepitosamente al suelo y los dioses pudieron darle muerte, aniquilando brutalmente a Thiazi.


Loki, ya sin la capa de halcón pronunció las palabras mágicas de nuevo y la nuez volvió a tomar la forma de Idun. Vanes y Ases celebraron con gran bullicio el rescate de Idun y corrieron a comer de las preciadas manzanas, hasta sentir que su acostumbrada fuerza y lozanía regresaban a cada bocado.

Comprendieron que también los gigantes desearan probar las manzanas de la eterna juventud, por lo cual juraron que colocarían los ojos de Thiazi en el cielo como una constelación, para suavizar cualquier resentimiento de sus parientes cuando descubrieran que éste había caído muerto.

Se dice que los dioses alegres por el retorno de Idun, decoraron un abeto con manzanas y nueces. Tal práctica quedó como una costumbre para la celebración del solsticio de invierno, tiempo en que regresó Idun y que coincide con los días previos a la Natividad cristiana, lo cual explicaría el origen del Árbol de Navidad.

Respecto a cultos paganos es preciso decir que se encontraron canastas de manzanas en un famoso sitio de entierro del siglo IX, el barco de Oseberg en Noruega, y que también se han encontrado frutas y nueces en tumbas tempranas de pueblos germánicos en Inglaterra y en la Europa continental, que podrían tener algún significado simbólico alusivo a Idun. También es de notar que las nueces son todavía reconocidas como símbolo de fertilidad en el sudoeste de Inglaterra.