Thor

EL DIOS THOR


Thor, también conocido como Donar, es hijo de Odín y es el dios de la guerra y la lucha más fiera. De su esposa Sif, tuvo tres hijos: Magni, Modi y Trud.

Es considerado el más fuerte de todos los dioses, incluso rudo, y la representación del coraje y la fuerza viril. Es conocido como el dios del trueno, pero su papel es complejo ya que tenía influencia en áreas muy diferentes, tales como el clima, las cosechas, la protección de los hombres, la consagración, la justicia, las lidias, los viajes y las batallas. A veces iracundo, es la divinidad del rayo y el trueno. Su aposento es el mayor de los palacios de Asgard , en Bilskirnir, una impresionante mansión con quinientas cuarenta estancias. Igual número que las puertas del Valhalla , donde se alojaban, espléndidamente, los humildes jornaleros tras su muerte- allí les aseguraba la felicidad eterna, en condiciones de igualdad con sus amos y señores, los guerreros, para compensarles de todo lo que en la tierra habían padecido, gloria sobradamente ganada con su honrado y constante esfuerzo.

Las más preciadas posesiones de Thor, que lo caracterizan, son su martillo de guerra arrojadizo Mjollnir (el aplastador), el cinto o especie de faja que duplicaba su fuerza y unos guantes de hierro que usaba para poder blandir su martillo. El martillo de Thor en miniatura se usaba como amuleto que posteriormente se convirtió en un símbolo desafiante de los paganos nórdicos durante la cristianización de Escandinavia.

Thor era rápido al actuar e inclemente a veces pero en causas justas. Se le asociaba con las tormentas, el trueno y el relámpago y, según relatan las sagas, el granizo proviene de las ruedas de su carro, que descienden y golpean como proyectiles de hielo que expulsan a su paso.

Thor era considerado el defensor de los humanos, ante todo, frente al peligro de los gigantes de hielo. De igual manera resguardaba la seguridad de la vivienda y otras propiedades, al tiempo que brindaba fuerza y poder a quienes lo invocaban. Era tan respetado y reverenciado por su tutela a los humanos, que fue considerado el segundo en el orden celestial, después de Odín, su padre, incluso el primero para los noruegos.

Dios de la tormenta

Cuando Thor se desplazaba vigoroso en su carruaje de bronce, tirado por dos machos cabríos, resonaba el estruendo de los truenos. Desde Midgard, la tierra de los hombres, se oía el rugido de la tormenta y los humanos sabían que por los cielos estaba pasando el carro de Thor, tirado por sus dos cabras de hocicos de fuego, tal vez a luchar contra los gigantes de hielo, el mayor peligro para los pueblos del Norte, siempre amenazados por el cruento frío. Estas cabras podían ser sacrificadas al atardecer y resucitar al alba, si se cuidaba de no romper ningún hueso y de colocarlos dentro de su piel.

El viaje de Thor a Utdard

Hay muchos relatos que muestran la bravura y la fuerza de Thor, así como lo invencible de su poderosa arma, Mjollnir. Pero he seleccionado éste en especial, por mostrar el contenido de la psicología nórdica, los valores subyacentes en el saber popular de los pueblos vikingos y lo complejo de sus paradigmas.

En una ocasión, Thor decidió hacer un viaje a Utgard, ciudadela de Jotunheim, reino de los gigantes de hielo, a fin de retarlos de cesar de enviar ráfagas de viento helado a la tierra, ya que congelaban los brotes aun verdes e impedían el crecimiento de las flores. Estaba dispuesto a acabar con la raza de los gigantes, para lo cual se hizo acompañar del dios Loki , debido a sus múltiples recursos y habilidades. Dispuso su carruaje de bronce y tras un día de viaje, faltando aun para llegar, decidieron pasar la noche en una cabaña ubicada en el solitario paraje. El anfitrión los recibió con agrado y los alojó, como era la costumbre recibir a los viajeros, pero era pobre y no tenía mucho que ofrecerles. El apetito de Thor era muy grande y decidió sacrificar las dos cabras que tiraban de su carro. Las preparó y cocinó e invitó al dueño de casa y familia a compartir el alimento. Su única advertencia fue que juntaran todos los huesos, sin romperlos, y los colocaran dentro de piel cuidadosamente extendida en el suelo.

Todos comieron con entusiasmo cuidando de los huesos de las cabras, menos uno de los hijos del campesino que, aconsejado por Loki, el embaucador, rompió uno de los huesos y absorbió la médula, creyendo que su picardía sería ignorada.

Al amanecer Thor se alistó para salir y los animales se levantaron, tan vivos y fuertes como el día anterior, pero al iniciar la marcha uno de ellos comenzó a cojear. Thor entendió que había sido desobedecido y, enfurecido, estuvo a punto de matar a la familia completa, hasta que el transgresor confesó su falta. Entonces el padre, avergonzado y para calmar la furia del dios, le entregó al muchacho además de una de sus hijas, para que lo acompañaran y le sirvieran en adelante.

El dios aceptó el trato. Dejó al campesino al cuidado de las cabras hasta su regreso y continuó el resto del camino a pie, junto a Loki y los dos nuevos sirvientes. Luego de un día de camino, anochecía en un sitio envuelto en una densa niebla. Allí, se alojaron en una especie de cobertizo que parecía abandonado, donde se arrojaron al suelo para descansar. Pronto sintieron un extraño sonido y un prolongado temblor en el suelo donde yacían. Temiendo que el techo se desplomara a causa del temblor de tierra, se refugiaron en un rincón donde pronto se quedaron dormidos. Al amanecer vieron con claridad que el temblor que había sentido por la noche no era otra cosa que los ronquidos de un enorme gigante que dormía junto a ellos.

El gigante despertó y, buscó en el suelo algo que al parecer había dejado allí para dormir. Lo vieron entonces recoger un descomunal guante. Ese había sido el objeto que en niebla nocturno ellos habían confundido con un cobertizo y, el rincón donde se habían alojado, no era otra cosa que el pulgar del gigantesco guante.

 

El coloso resultó ser el buen gigante Skrymir quien, al enterarse de que la comitiva se dirigía a Utgard, en Jotunheim, se ofreció a servirles de guía. En este encuentro, Skrymir utilizó una poderosa e inteligente magia que haría que el dios de la fuerza, Thor, y el dios del fuego, Loki, se vieran minimizados.

Les puso una serie de pruebas que no pidieron superar, entre ellas que el martillo de Thor no le causaba ningún daño. Al final les advirtió: en ese lugar donde van, la ciudadela de Utgard, yo resulto ser pequeño, de modo que se enfrentarán a gigantes más colosales que yo y ustedes resultan ser diminutos y débiles allí.

Tal argumento los persuadió de desistir de su marcha y regresar al Asgard, persuadidos de no destruir a la raza de los gigantes. En esta ocasión, Thor y Loki recibieron una lección de paz y convivencia, además de entender que no siempre las cosas son como uno las imagina.