Odín

Odín, jefe supremo del panteón nórdico, es un dios complejo, casi indescifrable para la consciencia y los valores contemporáneos. Al ser hijo de Bor (cuyas facciones eran delicadas y espíritu bondadoso) y la giganta Bestla, descendiente del temible Ymir , su propio origen es una manifestación de la lucha entre la razón y el instinto, la vida y la muerte, el bien y el mal, extremos que coexisten en él y le dan impulso a sus actos. A veces guerrero implacable, a veces poeta, siempre buscador de la verdad, Odín es el dios del ingenio y la lucha por la vida.

Los nombres de Odín

Odín, nombre vikingo del dios supremo, es a su vez llamado con otros muchos nombres. Es Wotan para los germanos y Woden para los anglosajones, tres nombres que, en suma, pueden significar “Furia” o “Arrebato”. De su nombre anglosajón Woden deriva el nombre en Inglés Antiguo wōdnesdæġ (hoy Wednesday) que asigna al Miércoles, día consagrado al culto a Woden. En la tradición latina, el miércoles se reservaba al dios Mercurio. No es casual que a Mercurio y a Odín se les asignen atributos como elocuencia, inteligencia y creatividad para salir de aprietos, además del engaño y la jugarreta.

Odín también es conocido como “el padre de todos” porque es quien rige sobre todos los dioses, pero literalmente es el padre de muchos de ellos. Es llamado “Padre de los caídos”, porque todos aquellos que han caído en batalla son sus hijos adoptivos; para quienes reservó el Valhalla y el Vingólf , palacios donde son llevados para formar un ejército élite, los einherjars, preparado para enfrentar la arremetida del mal en la batalla final Ragnarok . También se le conoce como “el caminante”, porque transitaba por todos los mundos creados, en especial Midgard, la tierra de los hombres, para transmitir enseñanzas y consejos, junto a los valores de la tradición ancestral. Es igualmente llamado “viento y espíritu”, por haber insuflado la vida a los seres humanos en la creación del mundo . Se le conoce así mismo, como “el dios tuerto” porque entregó un ojo a cambio de la sabiduría, relato que se hará más adelante por ser de suma importancia para conocer la personalidad de este dios.

Padre de los dioses

Odín es el dios de la guerra, de la muerte, de la sabiduría, de la poesía y de la magia. Era uno de los dioses primigenios, hijo de Bor , uno de los primeros seres que habitaron el mundo en sus orígenes. Con sus hermanos Vili y Ve creó el mundo, le dio un orden y estructura, reinando entre todos los dioses que fueron naciendo en adelante. Según la mitología escandinava, se considera a Odín el padre de los primeros humanos Ask y Embla , ya que les dio forma y vida.

Además, fue respetado por todos los dioses porque en variadas ocasiones logró deshacer los planes del dios Loki de llevar a cabo el Ragnarok (destrucción u ocaso de los dioses), con lo cual consiguió el respeto de los demás dioses y un lugar similar al detentado por Zeus en el Olimpo Griego.

Reinaba desde el Asgard, dominio de los dioses, y en él tenía un palacio majestuoso, Bilskirnir, el más grande del reino divino. Allí estaba el Hlidskialf, su trono, desde donde podía ver por completo los nueve mundos creados . Tenía tres esposas: Frigg, Jord y Rinda.

Frigg , que representaba la tierra cultivada, le dio tres hijos, Balder (llamado a ser el sucesor de Odín), Hoder y Hermod. Sólo ella podía sentarse en el trono de Odín, pues ella gobernaba conjuntamente con él sobre los dioses.

Con Jord (también conocida como Erda), símbolo de la tierra deshabitada, Odín engendró a Thor , el dios guerrero más fuerte, y Meili (de quien poco se sabe).

La tercera esposa de Odín es Rinda, que representaba la tierra fría del invierno, con quien el dios aceptaba estar un corto período de tiempo. Con ella engendró a Vali, quien vengaría su muerte en el Ragnarok y sería uno de los pocos dioses que sobreviviría a esa catástrofe.

La imagen de Odín

En las representaciones pictóricas se le ve deambulando como un “anciano sabio”. Un hombre fuerte de larga barba blanca, con capa oscura (gris o azul), sombrero de ala ancha y bastón o báculo. Y es que, para sus andanzas, solía vestirse de ese modo a fin de no ser reconocido y se mezclaba con los mortales para compartir sabiduría y consejos. Por ser un caminante, es el dios de los viajeros y de quienes se desplazan por los caminos del mundo.

En la gráfica vemos a Odín, el anciano sabio, tal como lo imaginó el pintor sueco Georg Von Rosen, 1886.

Del mismo modo, con frecuencia vemos a Odín con su lanza, Gungnir, que jamás fallaba y había sido creada por los enanos con una rama del árbol sagrado Yggdrasil . Además llevaba el brazalete Draupnir, que se regeneraba cada siete días, cabalgando en su caballo de ocho patas, Sleipnir, “resbaladizo”, capaz de ir velozmente de un lado al otro del horizonte ya que sus ocho patas simbolizaban los vientos provenientes de los ocho puntos cardinales.

Otra imagen frecuente de Odín lo muestra sentado en su trono divisando los mundos con su visión de 360 grados. Allí suele estar acompañado por dos lobos, Geri y Freki, que simbolizaban el espíritu cazador innato de su amo, y eran alimentados con la carne que se suponía era para Odín, ya que éste solo se alimentaba de hidromiel, bebida de miel fermentada.
También lo acompañaban o sobrevolaban los cuervos Hugin y Munin, cuyos nombres significaban “pensamiento” y “memoria”, que eran la extensión de sus ojos y oídos. En realidad pensamiento y memoria eran dos valores muy apreciables para este eterno buscador de conocimiento, para quien la sed de alcanzar la sabiduría llegaba hasta límites casi obsesivos.

Odín, el dios sabio


Odín es un dios de gran sapiencia, fruto del conocimiento del mundo, de la magia y la poesía. Tal sapiencia fue adquirida en principio a cambio de uno de sus ojos. Según narra la leyenda, una vez creado el mundo, ansioso de conocer los misterios de la vida y la muerte, viajó hasta la tierra de los gigantes, Jotunheim , en las raíces de Yggdrasil, donde hizo una visita a su tío materno Mimir, el gigante reconocido por su sabiduría y guardián del pozo que llevaba su nombre. El dios le pidió a Mimir que le permitiese tomar un trago de esa agua, ya que para ser el rey de los dioses necesitaba la sabiduría que ella proporcionaba.

El manantial era la fuente de todo ingenio y sapiencia y en sus profundidades se reflejaba claramente el pasado, el presente y el futuro. Mimir, conocedor del valor de un favor como el que Odín le pedía, se rehusó, a menos que éste le diera a cambio uno de sus ojos. El dios, decidido a alcanzar su meta, aceptó de inmediato, con su propio cuchillo arrancó uno de sus ojos y lo entregó a Mimir quien lo guardó, hundiéndolo en las profundidades del manantial. Una vez en el fondo de las aguas, el ojo se convirtió en un objeto pálido y a la vez brillante. Así, el ojo del pozo simbolizó la Luna y el que quedaba en el rostro de Odín, el Sol.

Al beber abundantemente de estas aguas, y mediante este rito iniciático que le causó la pérdida de un ojo, Odín alcanzó el saber que ansiaba, la gran herencia ancestral, el conocimiento omnisciente del gigante y su único ojo adquirió una visión ilimitada.

Los palacios de Odín

Odín tenía tres palacios a su disposición: el Gladsheim, la sala de reuniones; el Valaskialf, donde se encontraba su trono Hlidskialf y desde donde divisaba los mundos; y el palacio Valhalla , donde iban los elegidos que habían muerto valientemente en combate. Morir en combate era la muerte más noble y digna que un nórdico podía esperar; morir de viejo, por una enfermedad o en un acto de cobardía era una deshonra que se pagaba con un destino cruel, el inframundo de Hel , una suerte de infierno de eterno sufrimiento. Cuando había una batalla en el Midgard, el reino de los hombres, Odín enviaba a las Valquirias , quienes seleccionaban a los más valerosos guerreros para conducirlos a Valhala. Allí eran nombrados Einherjars, ejército a la disposición del propio Odín que descansaban y se entrenaban para enfrentar al mal en la batalla final Ragnarok. En Valhala, comían carne de un jabalí y bebían hidromiel. Una vez saciados, luchaban en el patio destrozándose los unos a los otros hasta que el cuerno sonaba de nuevo. Sus heridas sanaban inmediatamente y los combatientes, como buenos amigos, volvían de nuevo a otro banquete.

El dios difusor de las runas

A Odín se le atribuye el conocimiento de las runas . Las Eddas narran que, en un acto chamánico por alcanzar un medio de comunicación entre dioses y humanos, se colgó del árbol Yggdrasil, herido por su propia lanza, durante nueve días con sus noches, en principio adentrándose en la sabiduría del Niflheim , para luego recorrer psíquicamente los otros ocho mundos. Con una gran fuerza de voluntad su cuerpo soportó esta misión suicida y se dice que de alguna manera renació para volver, trayendo en su mente el cúmulo de conocimiento al cual sólo los muertos tienen acceso. Una vez en tierra modeló los símbolos de las runas que había conocido para darlas a conocer a dioses y humanos. Al principio fueron usadas como objetos mágicos, después como oráculo y finalmente como caracteres de los primeros alfabetos nórdicos.

Dios de la magia o chamán

Odín era considerado también el dios de la magia. Gracias a sus profundos y variados conocimientos, era capaz de atravesar los nueve mundos sin contratiempos, sabía cómo recorrer grandes distancias en poco tiempo, abandonar su cuerpo, aparecer y desaparecer a voluntad, así como cambiar su aspecto cuando lo necesitaba. En ocasiones, por ejemplo, adoptaba la forma de un águila.

Estos dones lo ponían en contacto con el mundo de los muertos, pero también lo convirtieron en el dios de la guerra interior. En efecto, muchas serían las batallas de Odín contra diversos enemigos, en especial contra los gigantes de hielo, pero más intensas aún son sus propias batallas interiores. Conocedor del destino final de los dioses, Ragnarok, mantiene una lucha interna para no perder el control sobre el orden en los mundos ya creados y al mismo tiempo, consciente de la gran responsabilidad que pesaba sobre sus espaldas como era mantener la vida y la creación materializadas en estos nueve mundos, solía luchar contra sí mismo y sus propias debilidades.

Todo ello explica el carácter severo y a veces contradictorio del dios, así como el que los vikingos, inspirados por esta formidable figura, fueran tan audaces y aguerridos. Estaban movidos por la certidumbre de que morir heroicamente en combate les aseguraba un lugar en el Valhalla y, con ello, el honor de ser parte del ejército de Odín.